23 de noviembre de 2017
23.11.2017
Dosis de autoayuda

Mi carta para mentes cerradas y machistas

23.11.2017 | 10:19
Mi carta para mentes cerradas y machistas

Querida persona de mentalidad machista, me decidí a escribir esta carta porque, aunque no me considero ninguna "fiera hambrienta de odio" como me comentaba un buen amigo hace unos días (desde el cariño), llega un momento en el que uno ve tanto comentario absurdo, insultante y bochornoso, como que muchas mujeres por su forma de vestir provocan una violación, que cuesta ponerse un puntito en la boca. Y ya de paso aprovecho para comentarle ciertas actitudes y comportamientos que a la gran mayoría nos desagrada por si quiere reflexionar sobre ello.

1. Es cierto, que cuando nos dicen un piropo, muchos son agradables y nos pueden resultar hasta graciosos siempre y cuando se digan desde la educación. Pero mi crítica va dirigida a esas personas que se consideran con derecho a decir cualquier cosa y de cualquier manera. Me refiero a cuando el piropo va acompañado de una mirada de arriba abajo como si de un solomillo a la brasa se tratara. Momento en el que una baja la cabeza, o hace que busca algo en el bolso para hacerle creer a esa persona que no la está viendo. Pero es entonces cuando te dice un "supuesto piropo" con voz orgásmica acompañado de casi una fractura de cuello, porque hasta que no doblas la esquina no deja de mirarte ni de decir lo que muchas consideramos ¡auténticas cerdadas! Por supuesto que existe la libertad de expresión y usted puede decir y hacer lo que le venga en gana siempre que no esté en contra de la ley, pero de la misma manera yo me puedo dar la vuelta, pegarle un moco en la chaqueta, o recordarle a su madre, que tampoco es una ilegalidad si no me "cago" en ella. Pero seguramente usted montaría un cirio porque interpretaría la situación como una falta de respeto ¿verdad? Pues querida persona a la que me dirijo, yo también soy madre y también me parieron. Yo no tengo que dudar en una tienda si me compro o no una camiseta por no tener que aguantar sandeces como las que usted suelta por la boca. Que sepa que sus palabras pueden resultar igual o más hirientes que si le pego un moco en su chaqueta o le recuerdo a su madre. No olvide que la libertad de expresión es la misma para todos, por lo que le invito a que se haga la "paja mental" que quiera cuando nos vea, pero intente no verbalizarlo porque créame que no nos interesa. Qué bonito y diferente sería todo desde la educación. ¿Usted no lo cree?

2. Si le digo no, es no. Da igual como vaya vestida, si llevo escote, transparencia o minifalda. Se trata de mi cuerpo y lo visto como me da la gana. Y si le digo que no, simplemente es que no. ¿Llega a usted a entenderlo? Si en su casa le educaron recibiendo de inmediato todo lo que pedía y no le enseñaron a recibir un "no" como respuesta, le aconsejo que acuda a un profesional que le enseñe a gestionar la frustración. No se preocupe. No es nada grave. Es una habilidad que se entrena y se adquiere. Y si en su casa le enseñaron que la mujer es un objeto, o un cacho de carne al que usted le puede decir y hacer lo que le dé la gana aunque ella diga que no, le comento, por si lo desconoce, que cuando somos pequeños los adultos de nuestro entorno nos "enseñan a ser". Absorbemos sus principios, valores y educación, pero cuando llegamos a la etapa adulta, nos relacionamos socialmente y vemos que quizás nuestro entorno se ha equivocado con una mentalidad bastante retrógrada o con unos principios poco saludables, podemos "desaprender y reaprender de nuevo". El yo soy así no vale. Usted no cambia, porque no le da la gana.

Aún no salgo de mi asombro con el caso de la "supuesta" violación grupal que hubo en las fiestas de San Fermín por los que se hacen llamar "la manada". Sí, digo supuesta porque todavía no hay sentencia firme aunque personalmente tengo mi opinión. "Yo te creo". Lo que más detestable me parece es que un abogado base la defensa de su cliente en juzgar a una chica que ha denunciado una violación simplemente por intentar normalizar su vida. Parece que tienes derecho a guardar silencio, a llorar por las esquinas y quedarte traumatizada de por vida, pero ni se te ocurra sonreír si has sido violada, porque estonces serás juzgada. ¡Vergonzoso! A este caballero quizás hay que comentarle que cuando una persona pasa por una situación como esta, uno de los objetivos de los psicólogos (aparte de trabajar el trauma), es la planificación de actividades. Con esto intentamos que la persona afectada, poco a poco, vaya introduciendo en su día a día la satisfacción y así lograr que normalice de nuevo su vida. ¿O es que no tiene derecho a levantar cabeza?

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