19 de noviembre de 2017
19.11.2017
tribuna abierta

Tenerife merece la pena

18.11.2017 | 23:42
Tenerife merece la pena

El otro día me atreví a ponerme unas botas y subir hasta el pico del Teide en una caminata en vertical de cinco horas en compañía de quienes mejor conocen los rincones más bonitos de esta tierra, los montañeros. Se cumplían diez años desde la declaración de nuestro parque nacional como patrimonio de la humanidad y me vino bien hacer el esfuerzo para comprobar, desde allí arriba, desde el techo de España, la insólita belleza de un paisaje estremecedor. Cada año, más de cuatro millones de personas se acercan al corazón de nuestra isla para observar por sí mismos lo que les cuento. Es lo que tiene Tenerife. Un día estás en la playa, disfrutando del sol en bañador, y en un par de horas te puedes adentrar por un escenario de otro planeta, entre mares de lava y a la sombra de un gigantesco volcán que parece dormido.

Este verano se hizo noticia polémica la presencia en nuestras costas de grandes bancos de microalgas. Los medios de comunicación se hicieron eco de un fenómeno dañino para la imagen de una isla que vive precisamente de su imagen. Se creó una polémica sobre la incidencia en ese fenómeno de los vertidos de aguas residuales sin tratar que echamos al mar. Y aunque la evidencia científica determina que se producen por condiciones climáticas especiales, vientos que llevan la calima hacia alta mar y elevación de la temperatura de las aguas, todo el mundo se sintió indefenso y alarmado ante el daño que se estaba produciendo al uso intensivo que hacemos de nuestras zonas de baño. Y surgió el debate de los daños que podemos causar en nuestro medio natural.

Cuidar lo que tenemos no sólo es una obligación para con nuestros hijos y nietos, a los que debemos entregar una isla mejor que la que heredamos nosotros: es una exigencia del modelo de negocio de la venta de servicios turísticos que atrae cada año más de quince millones de personas. Nuestro medio ambiente no sólo es una maravilla de la naturaleza, es un elemento esencial de nuestra oferta turística, de nuestra manera de vivir, de nuestro presente y futuro.

El Cabildo de Tenerife ha puesto en marcha un sistema de gestión del parque nacional que pretende garantizar la conservación de un espacio que soporta cada año la afluencia de millones de visitantes. He dicho más de una vez que tener un tesoro natural no debe impulsarnos a encerrarlo bajo siete llaves, como un avaro, para que nadie lo vea. Todo lo contrario. Nuestro medio ambiente, nuestros paisajes, nuestra naturaleza, es un patrimonio de todos que debe estar al alcance de todos. Pero bajo normas estrictas que garanticen su conservación. Es lo que plasmamos también en el Manifiesto del Teide, suscrito con los montañeros en el marco de la iniciativa YoSoyTenerife.

Es un hecho que nos ha tocado vivir cambios trascendentales. Cambios del clima, que afectan nuestras islas. Y cambios que vienen de la mano de la gran cantidad de población que impacta en el medio natural a través de sus actividades de todo tipo. Cada día surgen noticias que nos alarman. Demasiadas de los vertidos al mar de aguas residuales que no están debidamente tratadas. Las aguas de abasto necesitan grandes inversiones para eliminar las pérdidas y garantizar su salubridad. El gran número de vehículos privados demanda nuevas y mejores carreteras y surge la necesidad de crear mejores transportes públicos para no seguir extendiendo asfalto sin fin por nuestra geografía. Las necesidades parecen multiplicarse con cada nuevo problema. Y ante todo esto ¿qué hacer? Sólo existe una respuesta: trabajar seriamente en medidas sostenibles.

Esta semana ha concluido la nueva desaladora de Fonsalía que dará servicio a más de 70.000 personas en el Sur de nuestra isla y también ya está en marcha la depuradora de Valle Guerra que permitirá regenerar el agua a todo el nordeste de Tenerife. Las obras de la depuradora Del Valle de Güímar van a buen ritmo y por fin el Estado ha licitado las obras de la depuradora del área metropolitana. Como todas las buenas noticias, apenas llaman la atención. Pero son algunas de las muchas iniciativas que construyen una isla mejor, más sostenible. Porque hacer es más difícil que alarmarse y construir más complicado que criticar. Nuestro trabajo paciente en el horizonte del 2030 abarca muchos frentes, muchas necesidades que van desde la formación de las personas, la competencia lingüística, el empleo, las infraestructuras y la conservación. Pero desde arriba del Teide, después de comprobar lo difícil que es subir hasta el punto más alto de España, uno se da cuenta que merece la pena. Que esta isla merece la pena. Y que no existe ningún lugar mejor para echar raíces y para que nuestros hijos disfruten de un lugar privilegiado, por lo que nos ha dado la naturaleza y nos han legado nuestros padres.

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