18 de noviembre de 2017
18.11.2017
sol y sombra

Carrère, fragmentos estelares de la realidad

17.11.2017 | 23:29
Carrère, fragmentos estelares de la realidad

Emmanuel Carrère tiene un don especial para entrometerse y hurgar en las vidas de los demás. Es un fino retratista de escritura clara, precisa y eficiente, teñida de ironía y de un autodesprecio que lo hacen simpático para el lector. Sabe andarse por las ramas y también ir directo al meollo. Su literatura emerge apegada a fragmentos de la realidad y él mismo acierta a entremezclarse con muchos de los personajes de sus narraciones. Conviene tener un sitio adonde ir, que publica Anagrama, es el resultado de su investigación periodística y literaria -apenas se vislumbra la línea que separa los géneros-, recolectado en 33 textos publicados a lo largo de veinticinco años, de 1990 a 2015. Se trata de historias de muy diverso pelaje, fruto de la curiosidad que distingue a Carrère. Indaga, por ejemplo, en la vida atormentada de Alain Turing, el cerebro de Bletchley Park y padre de la computadora; se da una vuelta por el palacio de Ceaucescu en la primavera rumana de 1990; viaja a Siberia para encontrarse con el prisionero más viejo de la Segunda Guerra Mundial, un húngaro encerrado en una muerte psiquiátrica durante medio siglo de soledad y que jamás supo comunicarse con sus semejantes, epítome de Una novela rusa, que se halla entre sus obras más inquietantes y perturbadoras, o mismamente evoca a Capote en A sangre fría, el relato criminal que está en la génesis de El adversario y de la técnica que se valió para contar la vida de Jean-Claude Romand, el falso médico que asesinó a su mujer, sus hijos, sus padres y a su perro, para no tener que aparecer ante los demás como un mentiroso. Carrère también busca opositores en Rusia, por algo Limonov es una de sus grandes recreaciones; cumple con el encargo de escribir crónicas eróticas para una revista femenina italiana hasta el punto de desvelar sus fuentes en más de un sentido; confiesa de modo magistral de qué manera ha fracasado al entrevistar a Catherine Deneuve; intenta extraer conclusiones económicas de una estancia de cuatro días en la cumbre de Davos; sigue los pasos de la fotógrafo estadounidense Darcy Padilla, en La vida de Julie, y analiza la oralidad histórica de Orlando Figes, gran especialista en la Unión Soviética y autor de Los que susurran. Por Conviene tener un sito adonde ir desfilan la Rusia postsoviética; Sri Lanka, el Hôtel du Midi de Pont-Évêque, París, Bucarest, San Francisco, Leo Perutz, Philip K. Dick, Janet Malcolm, Balzac, Defoe, George Cockcroft, alias Luke Rinehart, autor del libro de culto El hombre de los dados; Marina Litvinovich, y hasta una conmovedora carta dirigida a Renaud Camus, refinado escritor y animador cultural, fundador del llamado Partido de la Inocencia, y desde 2010 en el ojo del huracán por su controvertida y delirante teoría racista del Grand Remplacement. Para seguir de cerca el fenómeno que le perturba, Carrère se convierte en un mirón comprometido. Cocina las cosas a su manera, remueve el guiso, le da la vuelta para que no se pegue a la olla. Hay en cada ocasión, en cada relato, en cada historia, una dimensión especulativa pero también florece el apego de la verdad. Explorando en las vidas ajenas, el autor se sumerge en la suya, se sitúa en el mismo plano junto al protagonista para exprimir el drama humano, el capricho o el simple hecho de haber fracasado como entrevistador de la estrella francesa más deslumbrante. "Frente a ella, pienso en ella", dice Marguerite Duras en el momento de entrevistar a Leontyne Price. "El problema" -explica Carrère- es que ante alguien como Catherine Deneuve casi todo el mundo y me he percatado de que no soy una excepción, piensa primero en sí mismo y en la impresión que va a causarle a ella. Y en cuanto piensas así, la cosa no funciona: estás expectante, alienado, molesto, y Deneuve, aunque quisiera, no podría remediarlo. Deja que te ahogues, es tu problema". Escritura fluida, formidable, delirante, entretenida.

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