La Ciprea

La vuelta de la filosofía

14.11.2017 | 13:52
La vuelta de la filosofía

Llevo tantos años escribiendo sobre el tema que probablemente me repetiré en los argumentos de siempre, diré las mismas frases y comentaré las mismas circunstancias, pero no puedo ni quiero ni debo evitarlo. Hablaré de filosofía una vez más y esta vez por una noticia que me ha enviado María José Guerra Palmero, presidenta de la Red Española de Filosofía, que me hace pensar que aún quedan esperanzas. Leves, pero quedan. La filosofía vuelve a las aulas o ese es el intento. Que la asignatura esté entre las obligatorias, que no sea una optativa y que tenga el lugar que le corresponde en la enseñanza. Esa es la meta.

Si en un momento dado intentaron hundirla o desprestigiarla por aquello de que no serviría para nada en un mundo computerizado y al borde de una congestión virtual, se equivocaron completamente y ahora se dan cuenta de que nunca se debió minimizar su importancia porque hoy, más que nunca, debemos sentarnos a reflexionar, analizar, juzgar y amar los conocimientos adquiridos durante siglos; empezar a dar por inútiles aquellos que lo sean y solo han servido para llevarnos a la desesperación y a la muerte, y resaltar los que aún son dignos de mantener y, sobre todo, para explicarles a los que empiezan a intentar sobrevivir en nuestro planeta, que son ellos los que deben razonar sobre el bien y el mal, lo bello, lo inservible, lo imperfecto y lo salvable en este aparente naufragio y a no alimentarse exclusivamente de discursos ajenos y falsos cantos de sirenas.

Porque lo digo y lo afirmo. Durante más de cuarenta años he explicado a mis alumnos la capacidad humana para hacer el bien o para hacer el mal, su libertad para escoger y cómo aprender a ejercitar la voluntad para conducirla hacia lo que uno cree que debe hacer no hacia lo que otros te obligan a hacer. Y, lo más importante, cómo cimentar un discurso moral para que todos los seres humanos aprendan a convivir en una misma cueva sin necesidad de arrebatarse el fuego, la vida y los alimentos. Una hermosa metáfora de lo que fuimos hace miles de años y seguimos siendo a pesar de las apariencias. La gente joven lo entiende. La gente joven no es idiota y sabe comprender los límites, donde está lo justo y donde las verdades a medias. Algo en su interior les hace sentir la necesidad de saber, de ser libres y no caminar como borregos por caminos trazados por otros con ánimo de vaciarlos de voluntad y criterios. Quizá no en el momento, pero si a la larga cuando empiecen a leer, a estudiar y a entender lo que significa amar la sabiduría.

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