VIRTUALARIO

Increíblemente crédulos

07.10.2017 | 00:41
Increíblemente crédulos

En internet abunda una práctica poco seria que consiste en lanzar cebos con titulares increíbles (la mujer que desayuna destornilladores), o soluciones milagrosas (sea millonario sin mover un dedo) para lograr tráfico, que, al abrirse, convierten el ¡oh! inicial en un ¡aaaah! decepcionado, como dijo en una ocasión un colega sobre un asunto similar. Son noticias increíbles, casi tanto como el hecho de que sigamos picando. Somos así.

Acabo de leer que un conocido cantante arremetió contra la supuesta violencia de los policías y guardias civiles que intervinieron en el referendo ilegal del pasado domingo en Cataluña. Su mayor argumento es el caso de la mujer a la que supuestamente le habrían partido los dedos de una mano, uno a uno. ¡Menudos animales! Curioso, le parten todos los dedos de una mano -uno a uno-, y ¿no la presenta Puigdemont en una rueda de prensa rodeado de todo su gobierno? Al final, según se publicó después, no era verdad.

Algo así ocurre con el procés, vendido como el bálsamo de Fierabrás de los problemas catalanes. En este desaguisado mayúsculo concurren tantos factores que resulta difícil orientarse, pero el elemento comunicación es fundamental.

"Nunca realidad y verdad han estado tan distanciadas, del mismo modo que nunca España y Cataluña han estado tan separadas. Y todo gracias y por culpa de la comunicación", afirma el periodista Miguel Ángel Ossorio en el artículo titulado "El Gobierno del PP ha perdido la batalla de la comunicación", y publicado en media-tics.com.

Ossorio explica que la estrategia de comunicación de los independentistas se desplegó hace siete años con dos mensajes: uno simple para la población y otro más elaborado para los corresponsales extranjeros. "A los periodistas, 'Independencia de Cataluña: oportunidades y amenazas para la economía catalana'. A los ciudadanos, 'España ens roba".

Solo así es posible explicarse imágenes tan chocantes como la de cientos de compatriotas -lo son- arremetiendo contras policías y guardias civiles -compatriotas también-, o saltando al grito de "español el que no vote"

Y solo así se explica que un golpe contra la legalidad democrática se transmute en el grito de angustia de un pueblo oprimido. Este desastre prueba -como el brexit, Trump y tantos otros temas- el poder de la manipulación y la necesidad de acudir a periodistas y medios serios, que casi nunca ofrecen titulares extraordinarios ni divertidos, y a los que hay que pedir que resistan, porque los necesitamos.

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