stylename="000_EPI_opi_2017_02">lectores@laopinion.es CARTAS DE LOS LECTORES

El regreso

11.09.2017 | 23:49

La novedad es un adjetivo muy usado a cualquier hora, aunque en la mayoría de los casos quienes lo empleamos lo hagamos para sorprender. Un ejemplo cercano lo tenemos en las fechas estivales que se agotan (las fechas) porque el Planeta no descansa. En el mes de julio, saltó a todos los medios una noticia controvertida, o se podría decir una disyuntiva de cierto calado lingüístico con los imperativos "iros" e "idos", el primero es de mayor uso, lo mismo se usa para un roto que para un descosido y el otro es más finolis. Aquí diga lo que diga la Academia, seguiremos alimentando queriendo o sin querer el formalismo y costumbrismo lingüístico. Como queda mucho verano por delante y para no malformar la meninge, porque si no, no seríamos lo que somos, quedémonos con los dos términos, y así la perdiz seguirá su andadura. A finales del mes de julio la prensa publicó un artículo novedoso que cantaba requiem para el conocimiento. Joyce dejó escrito que "leer es un graznar fluido". Un joven de 18 años, llamado Flavio Fernando de Oliveira, sustraía de bibliotecas y escuelas públicas libros, llegó a almacenar en su domicilio la nada despreciable cifra de 384 ejemplares. Y aquí viene lo sorprendente, los robaba porque no tenía dinero para comprarlos, y porque era una manera de matar el tiempo, estaba sin trabajo (y lo buscaba). Hay que señalar la honradez de Flavio de no venderlos, era una máxima que se había impuesto y otras más, la de leerlos y devolverlos. Flavio se ha convertido en entusiasta lector y la vecindad se ha propuesto que al joven no le falten libros. Otra de la novedades del mes de julio, fue la comparecencia, por primera vez, de un presidente del Gobierno de España, ante un tribunal para declarar como testigo de las irregularidades contables de su partido, el PP. La importancia de la comparecencia saltó por los aires, no por el hecho de su presencia, sino por las imprevisiones y faltas argumentales. Los letrados se quedaron sin respuestas y el Sr. Rajoy con su enfado a cuestas salió hacia la Moncloa, sin pena para su ego y sin gloria que le perpetúe.

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