EDITORIAL

Máximo control en la seguridad marítima y aérea

La afirmación es obvia, indudable, tanto como que territorios fragmentados como Canarias son en especial sensibles a cualquier falla

20.08.2017 | 00:27

La seguridad del transporte por vía aérea y marítima deben ser un parámetro alejado de toda discusión en la aplicación de controles previos de supervisión para garantizar la calidad y protección ante posibles fallos, imprevistos o errores técnicos o humanos. La afirmación es obvia, indudable, tanto como que territorios fragmentados como Canarias son en especial sensibles a cualquier falla o grieta indeseada en los protocolos de actuación diseñados específicamente para preservar la integridad de los ciudadanos y el medio ambiente. El incendio desatado a bordo del carguero británico MV Cheshire y la consiguiente nube tóxica que desprenden las 42.654 toneladas de fertilizante en combustión que alberga en sus bodegas dan prueba de ello. El alejamiento del buque de las costas del Archipiélago supone en principio una buena noticia, pero la deriva de la embarcación y las dudas sobre cómo sofocar la combustión en el interior de las bodegas obligan a mantener la guardia alta, a revisar de nuevo la gestión ante crisis en en litoral de las Islas por el que transitan barcos con cargas tóxicas o contaminantes e introducir cuantas mejoras sean necesarias para evitar los peligros y afrontar los accidentes con solvencia, seguridad y rapidez.

Se cumplen hoy, además, nueve años del terrible accidente del JK5022 de Spanair que segó 154 vidas en el aeropuerto de Barajas cuando despegaba rumbo a Gran Canaria. El paso del tiempo ha atemperado la conmoción colectiva que provocó aquella terrible noticia. Sin embargo, la Asociación de Víctimas (AVJK5022) ha advertido en reiteradas ocasiones de que los procesos pericial y judicial se cerraron en falso, dejando abierta la posibilidad de un nuevo siniestro de la dimensión del acaecido en las primeras horas de aquella tarde de agosto. En el manual del MD82, modelo del aparato que sufrió el accidente, se contemplaba la posibilidad de desconectar un relé ante un aviso de sobrecalentamiento de la cabina. Esa maniobra unida a fallos humanos, según la misma asociación provocados, al menos en parte, por la presión laboral ejercida sobre la tripulación, desencadenó la tragedia.

A pesar de que no ha transcurrido ni año y medio desde que el barco ruso Oleg Naydenov se hundió a 27 kilómetros (14,5 millas náuticas) también al sur de Gran Canaria dejando escapar parte de las 1.401 toneladas de combustible que surtían sus depósitos y de que hace solo ocho días se decretó otro incendio en el Fin Whale, atracado en el Puerto de La Luz y de Las Palmas, los hechos descritos no pierden el carácter de esporádicos. Sin que la enormidad de los daños provocados por la tragedia del JK5022 permita tratar los sucesos del aire y del mar en conjunto, sí es común a ambos la necesidad de implementar cuanta legislación, controles y mejoras técnicas sean necesarias en beneficio de la tranquilidad y el bienestar colectivos.

La seguridad en las aguas y puertos de Canarias dio un salto de calidad con la creación de los centros de Salvamento Marítimo, hace 30 años. En escaso tiempo se logró pasar de una situación precaria en la que los escasos recursos dificultaban garantizar la integridad de quienes trabajaban en el mar a otra en la que ese es el primer e irrenunciable objetivo. El de Las Palmas fue el primer puerto de España en contar con un centro de coordinación para las actuaciones conjuntas de Salvamento Marítimo, la Autoridad Portuaria y los prácticos, lo que acercó de manera exponencial la posibilidad de atacar con éxito las situaciones de emergencia. El destacamento en Las Palmas del primero de esos tres organismos es el hermano mayor de todos los de España. Controla un área que se extiende hasta Cabo Verde y toda la costa atlántica sahariana, la más extensa de las asignadas a un centro de Salvamento Marítimo. Su labor no admite figuras retóricas: salvar vidas en el mar y evitar la contaminación.

Las Islas están en una de las zonas del mundo que más tráfico marítimo concentran, principalmente Norte-Sur. A los cargueros y petroleros se unen los cientos de pesqueros que faenan en los caladeros africanos, y que a su vez generan más tráfico de cargueros que les garantizan el suministro de víveres y recogen para conducir a puerto las capturas. Las exportaciones canarias más voluminosas hacia el continente vecino tienen por objeto productos petrolíferos elaborados, pero el Archipiélago es también una zona de especial sensibilidad por su riqueza como ecosistema marino para los cetáceos y otras especies. Salvamento Marítimo controla cada buque que pasa por nuestras aguas y garantiza el respeto de las autovías marítimas entre islas. En resumen, existe un control más que aceptable de los posibles riesgos, que siempre existen. El fin último es reducirlos a la mínima expresión. A ello también contribuyen leyes nacionales y supranacionales que impiden, por ejemplo, desde hace diez años la circulación de monocascos transportando fuel pesado.

A las actuaciones de Salvamento Marítimo y Capitanía Marítima, ambos dependientes del Ministerio de Fomento, les cabe la máxima responsabilidad para lograr una calificación en sus actuaciones no de aprobado si no de sobresaliente. Los accidentes existen, pero existen garantías para tenerlos bajo control. Se cuenta con medios para garantizar la seguridad en el tráfico en el mar, que debe ser voluminoso para dar sentido a la actividad portuaria, la comunicación interinsular y la creación de riqueza en Canarias. Por eso mismo, se hace necesario no abandonar la idea de dar cabida a cuantas mejoras sean posibles, lo que también es aplicable al transporte aéreo de pasajeros y, por extensión, a la atención de los familiares de las víctimas. Porque son nueve años ya desde aquel funesto 20 de agosto de 2008 y la AVJK5022 no ha podido aún cejar en su empeño por hallar justicia. En el recuerdo de todos permanecerán siempre quienes perdieron la vida en aquel siniestro, pero ya es hora de que esa asociación de familiares pueda descansar y pasar a la historia tras conseguir todos los objetivos que se marcó desde su creación; entre ellos y de manera principal, lograr más seguridad para todos aquellos que algún día tomen un avión.

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