21 de marzo de 2017
RETIRO LO ESCRITO

Los dones de Antona

21.03.2017 | 02:46
Los dones de Antona

El pasado fin de semana Asier Antona ha sido elegido -casi por aclamación- presidente del Partido Popular de Canarias. Era el candidato ungido por la dirección nacional y su posición nunca se vio seriamente amenazada por la candidatura de Cristina Tavío, gracias a su notable control organizativo y, sobre todo, a la negativa de la mayoría de los afiliados a inmiscuirse en unas primarias que se las traía al fresco. Faltan años todavía para que militantes y simpatizantes del PP se interesen por una democratización interna del partido. No forma parte de la cultura política de los conservadores ni de las expectativas emocionales de sus votantes. En un partido con cuadros y militantes comprometidos con la democracia como método para definir y seleccionar estrategias y liderazgos resultaría inimaginable un sujeto como Mariano Rajoy presidiendo el PP.

Antona no disfruta como dirigente político de unas condiciones mucho mejores ni mucho peores que Rajoy. En cierta ocasión Óscar Wilde escribió sobre uno de esos rostros ingleses "a los que basta con mirarlos una vez para olvidarlos para siempre". A Antona le pasa algo parecido. Uno lo escucha diez minutos en la tribuna del Parlamento y podría estar hablando cualquiera de los miles de concejales, consejeros, diputados o subsecretarios de Estado que sirven al proyecto del Partido Popular en toda España. Los mismos tics retóricos, las mismas ocurrencias, el mismo argumentario, ese afán ligeramente ernervante de aparentar ser normales y corrientes, un anhelo realmente paradójico, porque no son otra cosa que una sublimación de la vulgaridad con corbata o polo lacoste. Si no olvidamos su nombre es porque al día siguiente sube de nuevo a la tribuna parlamentaria, o le hacen una entrevista por la tele, o quizás ofrece una rueda de prensa idéntica a las anteriores o a las siguientes y bueno, gracias a esta testaruda continuidad espaciotemporal existe Antona.

Algunos se quedan pasmados por la condición palmera del flamante presidente del PP canario. Don Asier es tan palmero que, al parecer, incluso vive en La Palma. Lamentablemente ese dato no deja de ser más o menos irrelevante, y no porque Antona, desde hace años, viva y pernocte fuera de La Palma la mitad de sus días y sus noches, sino porque en la estructura del Partido Popular, en su diseño programático, en su orientación estratégica e incluso en el reparto del poder político está prohibida cualquier sensibilidad ya no insularista, sino incluso insular. José Manuel Soria prescindió incluso de nombrar consejeros tinerfeños dentro de su cuota de poder en el Gobierno autonómico y no ocurrió nada. Por supuesto, para conseguir la victoria, Antona debió contar con María Australia Navarro (su secretaria general ahora) y con la mayoría de los cargos públicos y cuadros tinerfeños (y ahí está el muy astuto Lope Afonso como coordinador para atestiguarlo). Pero no se trata exactamente de equilibrios territoriales, sino de alianzas personales y organizativas.

El PP de Canarias no ha transformado sustancialmente ni su orientación estratégica ni su difuso e inercial programa político y económico. Ahora mismo lo define un deseo imposible: no entrar en el Gobierno regional y seguir agitando el látigo sobre las costillas de Fernando Clavijo y su equipo. Pero tiene un problema grave que le impide quedarse fuera, y no es otro que sus indescriptibles ganas de estar dentro.

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