28 de enero de 2017
28.01.2017
Retiro lo escrito

Los simulacros de Antona

28.01.2017 | 02:07
Los simulacros de Antona

Es algo así como que una vez le dijo Francisco Umbral a un gilipollas pedantesco en el café Gijón: "Con el tiempo y el esfuerzo que has dedicado para simular una cultura podrías haberte hecho una cultura de verdad". El curro que están asumiendo Asier Antona y su camarilla para mantener la ficción de un Partido Popular que lo aprecia, que lo quiere, que lo desea casi libidinosamente, esas reuniones unánimes de alcaldes o de jóvenes de Nuevas Generaciones para cantar su nombre como se canta en un bingo un premio inesperado, en fin, se podría canalizar para cosas más útiles. Por ejemplo, para que el PP canario consiga diseñar y defender un proyecto político para el Archipiélago, moderando su lacayuno sucursalismo. El señor Antona, que empezó su carrera política a la vera de Gabriel Mato, de quien heredó el feudo de La Palma, estaba destinado a ser uno de los secretarios generales de usar y tirar que usaba el señor José Manuel Soria. Pero Soria falleció políticamente en Panamá y Antona se lanzó a toda velocidad a ocupar la poltrona (su precipitación inicial fue un punto vergonzosa) y a controlar las estructuras del partido. Es más un astuto oportunista que un responsable heredero.

Realmente no tiene que preocuparse demasiado. El destinado a la Presidencia del PP de Canarias no lo deciden los afiliados, ni siquiera los dirigentes y cuadros de la organización, sino la dirección nacional, y desde la dirección nacional se aprecia a Asier Antona por su lealtad irrestricta y su calidad de estabilizador y organizador de los intereses personales, locales e insulares del partido. Antona es un producto de la burocracia, la retórica y la cultura política del PP en los últimos veinte años: anodino, grisáceo, repetitivo, amorosamente entregado al argumentario y los lugares comunes de la derecha marianista. En resumen, Asier Antona aporta seguridad, continuidad y paz intersinsular en una organización política alérgica a la democracia interna y que prima una jerarquía vertical como valor disciplinario en sí mismo.

Por supuesto que no se pueden eliminar totalmente los versos sueltos, sobre todo cuando se trata de un liderazgo burocrático que no ha fraguado aún totalmente, pero Juan José Cardona no tiene ninguna posibilidad. Entre otras razones porque Antona y María Australia Navarro (presidente del PP de Gran Canaria) han cerrado un acuerdo de coexistencia pacífica, pero también porque Cardona solo puede oponer a la insignificancia política de presidente accidental una cháchara insustancial, un montoncito de nada sobre la que no se renueva un partido, ni una asociación de vecinos, ni un microondas. Fue muy listo cuando en la primavera de 2011 hizo una campaña electoral para la Alcaldía de Las Palmas en la que se centró en asuntos clave de gestión y disimuló todo lo posible que era el candidato del PP. Pero eso no basta para encender el entusiasmo de militantes y organizaciones insulares. Asier Antona debe estar encantado: el solitario gesto de Cardona le será útil, en su procesión de simulacros, para proyectar que tiene un competidor, que ha luchado contra alguien, que ha demostrado ser el mejor.

www.alfonsogonzalezjerez.com

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine