28 de enero de 2017
28.01.2017

Tiene capacidades diferentes

30.01.2017 | 11:57

El martes 24 de enero, la escritora Elsa López, entendemos que con toda su buena intención, publicó un artículo en la opinión sobre una madre con un hijo con Síndrome de Asperger. Dicho artículo no ha dejado indiferente a algunas personas que conocemos de cerca el tema.

Nos preocupó la imagen que, aunque de manera involuntaria, había trasmitido en términos técnicos y emocionales, el mencionado artículo a sus lectores, sobre las personas (niños y adultos) con Síndrome de Asperger.

Por ello, es de vital importancia para nosotras aclarar parte de lo expuesto por la autora.

Para empezar, debemos partir de la premisa de que un diagnóstico en salud mental puede manifestarse y vivirse de muchas maneras. No hay una única forma de tener Asperger, así como no hay una única forma de ser o vivir como una persona sin diagnóstico. En cualquiera de los casos, esas características, por las cuales una persona acaba recibiendo este diagnóstico, también están compuestas de fortalezas y de capacidades.

Por otra parte, el artículo nos hablaba, sobre todo, de una madre sacrificada y con ello parecía dejar a la persona con el síndrome de Asperger en una actitud pasiva ante su situación y casi de carga para la familia o, para ser más específicos, de carga para la mujer, para la madre. Debemos saber que tanto los niños y niñas, como las personas adultas con S.A tienen capacidades para aprender y por lo tanto pueden formar parte activa en su propio proceso de desarrollo y aprendizaje.

Tienen algunas dificultades, sí, pero aprenden como personas capaces, que desde luego son, a afrontarlas y superarlas, sobre todo cuando existe un contexto que las refuerza en ello y las anima de manera positiva y no de manera compasiva.

Respecto a las estereotipias y sensibilidades, en ocasiones excesivamente subrayadas, hay que aclarar que casi nunca se manifiestan de una manera descontrolada y que, en el caso de hacerlo, se aprende a corregir, si se estima oportuno que deban corregirse. Esto, porque lo prioritario es el bienestar de la persona con Síndrome de Asperger y no el posible encaje que este debe hacer en el contexto social. No se debiera obligar a corregir un comportamiento solo porque escapa a nuestra comprensión.

Decía el artículo de Elsa en relación a lo que contaba una madre: "El hijo no sabe de su cuerpo, no tiene ningún sentido del espacio que ocupa ni de quiénes son los que ocupan ese espacio a su lado".

Las personas con S.A tienen noción de su cuerpo, tienen sentido del espacio y saben reconocer a las personas que los rodean, si bien su cerebro puede entender estas nociones de manera diferente.

Entonces, la falta de reconocimiento del espacio, de sí mismos y del grupo no solo no es una característica del Asperger, sino que tampoco se enmarca dentro del TEA (Trastorno del Espectro Autista). Una persona con autismo aunque, en ocasiones, no te mire a los ojos te ve y te reconoce perfectamente.

En definitiva, una persona con S.A no espera ser liberada, porque no viven presas de nada, ni encarceladas en una situación irremediable o estática. En todo caso su única y más grande dificultad está en que las personas dejemos de ver el estereotipo, el falso mito y las dificultades y veamos a la persona, dejando entonces brillar el potencial que cualquiera de nosotras tiene, independientemente de su historial médico.

Tenemos capacidades diferentes. Tenemos Síndrome de Asperger.

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