14 de enero de 2017
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El bar de Pepe

La ley del talión

14.01.2017 | 03:07
La ley del talión

Les hemos prescrito en ella [la Torá , la ley del talión]: vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente".

El movimiento islamista (diferente al islamismo, que es el conjunto de normas y preceptos morales que constituyen la religión de Mahoma) se refiere al integrismo musulmán. El verdadero musulmán afirma que Alá le protege; el islamista considera que es él quien debe proteger a Alá.

Pero? ¿cuál es el verdadero engendro que, sin justificar la masacre terrorista, hace que exista este odio cerval que lleva a unos fanáticos a perpetrar tanto daño? La respuesta quizás la tengamos en la venganza que de padres a hijos se ha ido infiltrando en las mentes de millones de personas por culpa de los "daños colaterales" de los ataques que con toda clase de ingenios bélicos cometen los estados miembros de las "nuevas cruzadas", Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Israel, España, Rusia, China, etc., contra la población civil árabe, mayores, mujeres y niños incluidos. Claro que si el terrorismo es de Estado y las muertes son difíciles de justificar llamaremos a esos actos terroristas "daños colaterales" y nadie se rasgará las vestiduras. No habrá minutos de silencio en los parlamentos europeos, ni condolencias de todos los países occidentales por el trágico asesinato de mujeres y niños, nadie condenará a Israel que utilizando el armamento más sofisticado ataca escuelas y hospitales por la mera sospecha de creer que se encuentra una cédula de Hamás escondida entre niños y enfermos, y aun siendo así es una excusa macabra para justificar un acto terrorista tan perverso.

Sin justificar lo injustificable ¿por qué justificamos nuestros "daños colaterales" y condenamos los actos "terroristas" de los islamistas asesinos? Acaso la respuesta es que no nos duelen los muertos ajenos, los que nosotros ejecutamos en virtud a la expansión del Estado Israelí en los campos de Gaza. Quizá esté en la incongruencia de políticas "participativas" e incluso de "alianzas" cuando apoyábamos a la yihad islamita en Siria en contra del Gobierno establecido o lo hacíamos con los talibanes en Afganistán en la guerra contra Rusia, o bien con el salafismo de la rama suní contra Sadan Hussein en Irak o bien contra Gadafi en Libia. De manera que somos aliados de nuestros enemigos cuando el interés es suficiente como para mirar para otro lado.

El odio engendrado de un hijo cuando pierde a su padre por una bomba con la estrella de David o por un misil con la barba del Tío Sam, la corona de su Majestad la Reina, la hoz y el martillo o la canción de la Madelón tiene que traer consecuencias. Las generaciones venideras serán aún más crueles y más vengativas, el tiempo no se llevará el dolor de tanta gente cercenada por el dolor y la espiral de violencia continuará.

Parar el fanatismo provocado por el odio entre unos y otros con más violencia solo traerá consecuencias imprevisibles de prever. La ley del talión "ojo por ojo, diente por diente" no justificará jamás la matanza de inocentes, provenga de quien provenga; sólo servirá para aplacar el monstruo de la venganza que tenemos en nuestro interior, pero la masacre continuará hasta el día sin retorno.

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