12 de enero de 2017
12.01.2017
Retiro lo escrito

Pitando

12.01.2017 | 04:14
Pitando

No es verosímil que Meri Pita y su pequeña corte o cohorte de asimilados haga y deshaga en Podemos sin el conocimiento del secretario de Organización, Pablo Echenique, y del mismo secretario general, Pablo Iglesias. La mayoría de los cuadros y cargos públicos de Sí se puede han replicado con dureza por la expulsión de Brito y Dailos, a los que se les ha pedido que devuelvan sus actas, sin que sea previsible que lo hagan, al menos, en los próximos dos años y medio. Tienen razón al repudiar el autoritarismo caciquil de Pita, pero cuando los de Sí se puede presumen de su historia (su confluencia de voluntades y sensibilidades, su trabajo en los barrios en los últimos lustros, su relativa eficacia organizativa) olvidan la modestia de sus resultados electorales. Gracias a Podemos la izquierda canaria que se presenta a sí misma como alternativa aumentó sustancialmente su presencia en las instituciones. Como se recordará, Podemos renunció a presentar listas en las elecciones municipales de 2015, pero no a concurrir a las diputaciones, los cabildos y los parlamentos autonómicos. Sin embargo, nadie ignoraba -y menos que nadie los podemitas- las candidaturas fraternales que se deberían votar.

A Brito lo han echado porque le ganó imperdonablemente la candidatura al Cabildo de Gran Canaria a un adlátere de la señora Pita, y desde entonces ha sido perseguido desvergonzadamente por la dirección regional de Podemos. A Dailos González porque decidió despedir a un sujeto que, supuestamente, era su personal de confianza, pero que había colocado ahí por doña Meri y sus mariachis. El despedido es el esposo de la segunda de la lista al Cabildo de La Palma, porque en Podemos el amor a la familia conduce a menudo al nepotismo más dulce y comprometido: si Dailos González abandonara el Cabido palmero la señora del administrativo despedido se convertiría en consejera. En fin, que un consejero no pueda despedir a un trabajador eventual cuya continuidad se basa en una relación de confianza revela el acendrado despotismo de la secretaria general y la muy escasa democracia interna de una organización que se presenta como adalid de una verdadera y renovada y patriótica democracia popular.

Aunque ha intentado disimularlo en los últimos años, Sí se puede es una fuerza de carácter nacionalista. Es grotesco que admita estas cacicadas refrendadas una y otra vez desde Madrid por el Timonel de la dulce sonrisa. Es insostenible la praxis de la doble militancia. Tanto pablistas como errejonistas participan de un centralismo democrático de orientación leninista que se gestiona a través de Internet y las redes sociales. En realidad, y más aun que en la definición programática, es en la articulación organizativa donde Podemos se juega su capacidad de crecimiento político e intervención social. Está muy claro que en Canarias ni Iglesias ni Errejón quieren pactar por nadie ni reconocer ninguna autonomía con cierta identidad propia. Desde su punto de vista ya hacen demasiadas concesiones en Galicia, Valencia o Cataluña. Incluso en Andalucía. En el traspatio canario no hay nada que negociar. Hay que seguir pitando.

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