12 de enero de 2017
12.01.2017
En voz alta

Enero cuesta

12.01.2017 | 04:14
Enero cuesta

Estamos en la cuesta de enero. No se retire. No es un artículo pesimista. Más escarpada y difícil es la cuesta de de septiembre. Así que mírelo por ese lado, podríamos estar en septiembre pero lo cierto es que estamos en enero. Y vivos, que no es poco. Enero caliente, el diablo trae en el vientre. No se pese. No blasfeme. Apague la tele por las tardes, que tiene tendencia a exhibir impúdicos y engañosos anuncios sobre caros yogures que bajan el colesterol. Aminore la ingesta, no obstante, de chorizo picante. Abra un libro. Aunque sea malo. Le alejará de la nevera, de las preocupaciones e incluso del frío. Consuma información meteorológica, se sentirá bien al saber que en el norte de Europa están peor, con ventisca y bajo cero. Figúrese en Groenlandia. Si se pone a régimen, recuerde que es usted y no su gato o perro el que lo está. Otto sigue teniendo derecho a comer como un marqués. Piense en las vacaciones de verano. Bueno, en realidad esa es una actividad practicable todo el año, pero reflexione acerca del hecho cierto de que enero está más cerca del verano de lo que estaba noviembre. Acérquese a un concesionario de coches caros y pregunte. No tiene un duro para tal gasto pero ocupará la mente y se olvidará de que no está yendo al gimnasio. De paso adquirirá formación útil para conversaciones de ascensor acerca de los profundos avances en la industria del motor e incluso sobre lo mucho que ha variado para bien la longevidad de los embragues. El vendedor también se lo agradecerá. Al estar hablando con usted se olvidará de que no vende nada, de que está a régimen, de que ha dejado de fumar y de que fuera hace frío. Haga bricolaje. No, mejor, no haga bricolaje. Mejor, consulte la RAE por saber si bricolaje es con jota o no. Medite sobre quién puede ser el próximo candidato de su partido favorito a la alcaldía de su pueblo. Si a los cinco minutos le duele la cabeza o no se le ocurre ningún nombre, a lo mejor es buen momento para pensar en iniciar su carrera política. Si ya es político, le duele la cabeza y no se le ocurre ningún nombre, mejor dedíquese al bricolaje. No dé la brasa. Tampoco en febrero. No pregunte a nadie que cómo está

porque corre el riesgo de que se lo cuente. No olvide que los martinis y las películas de Woody Allen siguen existiendo. Tome aceite de oliva, haga versos a la vecina. Vea La que se avecina. Escale. Coma berberechos. No diga "vamos tirando". Practique un enerismo o eneridad civilizada. Dé los buenos días. No cuesta.

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