08 de enero de 2017
08.01.2017
Editorial

Canarias: luces y sombras del avance económico

08.01.2017 | 02:34

En un escenario de economía global y de tensiones en la eurozona con la nueva política de los Estados Unidos, la evolución del Brexit y las elecciones en Francia y Holanda se puede hablar de recuperación económica, aunque con todas las cautelas posibles. Una prudencia que, en todo caso, no debe empañar los indicadores en positivo que cierran el año, y que muestran síntomas de que ya no se trata de meros brotes verdes, sino de una evolución paulatina que de proseguir sitúa al país en la senda de la recuperación. De este optimismo calmado no escapa Canarias, cuyo crecimiento afianzado en el sector servicios empieza, por fin, a dar sus frutos en un mercado laboral del que destaca el bajo nivel de cualificación de los demandantes de empleo.

El Archipiélago acumula ya cuatro años de descenso del paro, siendo la autonomía en la que más empleo se ha creado en el 2016. El cierre del año acaba con 229.233 desempleados, la más baja desde agosto de 2009. La afiliación a la Seguridad Social creció en las Islas 5,61%. Toda una serie de parabienes que tienen tras de sí el respaldo de un movimiento turístico que aumenta las contrataciones. Pero que también refuerza el comercio minorista, beneficia a las empresas de transporte, da oxígeno a las firmas de mantenimiento de infraestructuras turísticas y evita el estrangulamiento de la hostelería. Una bonanza que, en lo que se refiere a Tenerife, alcanza una especial trascendencia: la isla superó los 5 millones de turistas durante 2016, lo que afianza su liderazgo en el Archipiélago.

Este flujo permanente, con el mercado inglés como gran valedor, no debe hacernos bajar la guardia, ni tampoco llevarnos a pensar que las condiciones geoestratégicas que imperan, con el terrorismo yihadista como epicentro, van a ser infinitas. Canarias debe aprovechar su experiencia en el sector y las lecciones de una crisis mundial aún no cerrada para rentabilizar al máximo las ventajas de su destino. A su clima extraordinario, sobre todo cuando arrecia el frío polar en centroeuropa, debe añadir valores derivados de su paisaje y de su historia. Los años de mayores turbulencias, con 2008 como arranque del declive, deben ser una referencia a tener en cuenta para pensar que el mundo no volverá a ser como antes de la quiebra de Lehman Brothers. Nada peor, por tanto, que dormirse en los laureles y creer que el crescendo de turistas garantiza un lugar entre unos destinos cada vez más competitivos. Canarias no tiene más remedio que afrontar la rehabilitación de un parque alojativo envejecido, aclarar la convivencia entre residentes y turistas, establecer modelos polivalentes y flexibles para unos clientes cada vez más exigentes, esmerar su cuidado por el medio ambiente y calibrar la capacidad de carga del territorio turístico. Una serie de exigencias que, a todas luces, contribuirán a mantener a las Islas como un destino inalterable, más allá de circunstancias -desgraciadas la mayoría de las ocasiones- que fortalecen el sector.

El comienzo del año es sinónimo de establecer prioridades entre los deseos. Los constructores aspiran a que la crisis financiera que les cerró los créditos bancarios quedé muy atrás, con los que podrán abordar operaciones para agitar un sector que tocó suelo. Desde la suposición de que no se puede retornar a espirales especulativas conocidas por todos, la construcción afronta en Canarias una nueva etapa, siempre dependiente de la mayor o menor expansión de la obra pública y de la mayor o menor concesión de hipotecas. De una manera u de otra, el indicador municipal de licencias para obras privadas sube tras años de auténtica parálisis y de una fuga de la principales firmas y de profesionales a mercados exteriores con perspectivas más halagüeñas.

La oposición al PP y los sindicatos extreman sus críticas a lo que Rajoy no duda en señalar como un resultado de su política económica, y en especial a su denostada reforma laboral para la que su ministro de Economía, Luis de Guindos, ha pedido que se respete, pues Bruselas no entendería un cambio en la hoja de ruta. No piensa lo mismo la mayor parte del arco parlamentario, que reclama una modificación al ver tras la evolución feliz de las cifras del paro una precarización mayor de los contratos, marcados por la temporalidad. Una circunstancia que en Canarias tiene su mejor campo de actuación en los trabajadores del sector turístico -principalmente en las limpiadoras- y en el comercio vinculado a la expansión turística, donde los registros de altas y bajas de la Seguridad Social desvelan rotaciones involuntarias. A lo anterior hay que añadir un aumento de los contratos por obras y servicios y los de muy corta duración: una semana o menos.

El ciclo expansivo de la economía española, donde Canarias es un pivote principal como locomotora del empleo, no deja de ofrecer interrogantes e incertidumbres. Buena parte de ellas recaen, principalmente, donde el peso del sector servicios es preeminente, como es en el Archipiélago por su dependencia del turismo. Se empieza a observar que la llamada precarización del trabajo no sólo está vinculada a la temporalidad, sino también a cambios en las relaciones laborales provocados por la fuerza de la digitalización y sus nuevas figuras de contratación, ajenas a las que hasta ahora reinaban entre empleado y pagador. Un contexto emergente de estas características debe ser tomado en cuenta por Canarias, tanto como el aprendizaje de un segundo idioma. Hay que tener una oferta competitiva de servicios en internet, lograr los mejores profesionales para ello, legislar y proteger a los trabajadores frente a los nuevos hechos contractuales y posicionar las Islas en los mejores puestos. Todo ello forma parte de una realidad económica compleja, donde el paro, no lo olvidemos, es la preocupación prioritaria de los españoles, según el último CIS.

En el transcurso favorable de la economía en el Archipiélago no puede quedar atrás el sistema universitario. Canarias debe empeñarse en aumentar su presupuesto en investigación para lograr proyectos punteros. La historia de las Islas nos demuestra lo negativo que ha sido el monocultivo para su evolución económica. Y habría que reflexionar sobre cómo los canarios pueden ser participes de la riqueza turística que nos desborda porque el aumento de la desigualdad en Canarias sigue siendo una asignatura pendiente.

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