03 de enero de 2017
03.01.2017
Retiro lo escrito

Ventolera y heteropatriarcado

03.01.2017 | 02:49
Ventolera y heteropatriarcado

A cabo de leer un artículo muy sensato y muy sentido en el que su autor o autora exige que no se le llame zorrona a una señora que se llama Pedroche por salir en semidesnuda en la noche de San Silvestre contratada por una cadena de televisión. En el canal autonómico una ráfaga de viento jugueteó con la falda abierta de la presentadora Eloísa González y dejó ver durante un par de segundos -¿o fueron tres?- parte de su zona genital. La señora González ha insistido en que llevaba ropa interior, pero deben haber sido unas bragas más transparentes que las broncas por el liderazgo en Podemos. La reflexión general del artículo al que me refiero -y que trataba el caso de Pedroche, pero es, creo yo, extensible a las ventoleras de González, cuyos escotes han sido profusamente glosados en otras navidades- argumenta que la profesionalidad no se mide por la exigüedad de los trajes o prendas de vestir y que, por lo tanto, cualquier comentario al respecto es puro y desvergonzado machismo. Esta sorprendente defensa de la señora Pedroche y otras compañeras de profesión resulta un ejemplo difícilmente superable del buenismo feministoide que nos asola, porque termina legitimando en parte aquello que supuestamente denuncia. El apologista no repara en que la exhibición de la belleza física de las criticadas o ensalzadas es - según los usos culturales imperantes - parte indiscernible de la profesionalidad de las presentadoras muy escotadas o bastante semidespelotadas, quienes no son invitadas para oficiar las campanadas de Fin de Año por sus méritos académicos o su experiencia relojera, sino porque son guapas, atractivas o hermosas, y se visten, peinan y maquillan para potenciar su afortunados dones. También son sorprendentes las declaraciones de María Lorenzo, la única consejera en activo de la Radiotelevisión Canaria, cuando denuncia el "denigrante uso de la mujer en la cadena regional" a propósito del incidente protagonizado a su pesar por Eloísa González. ¿Cómo debe ir vestida una presentadora en un programa televisivo de Fin de Año? ¿Cómo van vestidas en las fiestas familiares las madres, las hijas, las tías o las nietas? ¿Llevan mono maoísta? ¿Se cubren con un burka y no olvidan el cinturón de castidad? ¿Eloísa González debería ponerse un chándal holgado e impenetrable para dar paso a las doce campanadas o quizás bastaría con una pudorosa batamanta de colores apagados -un gris ceniza, por ejemplo- para evitar así cualquier conato de lascivia?

Y con zapatos planos, por supuesto. Ese ligero conteneo de cadenas sobre vertiginosos tacones de aguja es un síntoma intolerable del heteropatriarcado como ideología dominante y avasalladora. Babuchas, batamanta y una espesa bufanda y ya podremos disfrutar de una transmisión de fin de año en condiciones morales aceptables.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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