27 de diciembre de 2016
Retiro lo escrito

El próximo gobierno

27.12.2016 | 02:43
El próximo gobierno

Queda por saber cuándo entrará el PP en el Gobierno autónomo y el precio buhonero del apoyo parlamentario de Casimiro Curbelo al nuevo ejecutivo de Fernando Clavijo. Se insiste en que Asier Antona no quiere transformarse en socio instantáneo de los coalicioneros hasta finales de mayo o principios de junio, pero el presidente debe estar tranquilo. Como cierto desodorante, Antona no te abandona, aunque apueste por una moderada prudencia. Quiere un pacto firme y una cuota de poder semejante a la que disponían los socialistas, pero sobre todo desea no parecer demasiado hambriento. Quiere comprobar que en el Congreso Nacional del PP, que se celebrará en febrero, no pase nada, como resulta previsible, y que sus apoyos madrileños se mantendrán intactos. Y quiere un par de meses después celebrar el congreso regional, y a ver quién le va a votar que no, si podrá disponer de unas 200 plazas (entre poltronas políticas, cargos de confianza y taburetes de culichichis) para satisfacer el paladar de los compromisarios más exigentes. Entonces, y solo entonces, entrará el PP en el Gobierno autonómico, siempre pensando -como todo el mundo- en lo mejor para los intereses de los ciudadanos canarios. Los conservadores serán unos socios menos vocingleros que los socialistas, pero igual de exigentes y celosos de sus derechos. Es difícil saber si los dirigentes de CC han entendido la lección: ya no pueden gobernar como antes. Incluso no es aventurado afirmar que si siguen fantaseando con capitalizar la centralidad política dejarán de gobernar muy pronto.

Con todo, y obviando, como hacen los propios interesados, lo hipotéticamente más relevante del gobierno de la próxima primavera, es decir, el programa político y económico que guiará su gestión, lo que despierta más curiosidad es la selección del próximo vicepresidente del Gobierno. Según la tradición coalicionera el vicepresidente debe ser de la otra provincia de las ínsulas baratarias. En esta ocasión, además, urge cumplimentar esa costumbre. Aquella estupidez de los máximos responsables de CC de aniquilar a Román Rodríguez en 2003 -solo Paulino Rivero se mostró renuente a tal estropicio- condujo a la creación de Nueva Canarias y ha llevado a los coalicioneros a una situación electoral marginal en Gran Canaria. Muchos miles de grancanarios no es que ya no se sientan representados, es que no se sienten concernidos por el Gobierno de Clavijo, sus pompas y sus obras. Las opciones son limitadas. O se opta por Bañolas -que es pura arqueología política- o por Pablo Rodríguez Valido, diputado regional en sustitución de María del Mar Julios, exiliada dulcemente en el Senado, concejal en ese sofocante galimatías llamado Telde y joven promesa desde hace ya demasiados años. La opción de Rodríguez Valido resultaría la menos grimosa, pero choca con el propósito -cocinado entre Clavijo y Barragán- de convertirlo en el próximo secretario general de CC, que es exactamente lo mismo que inscribir en una carrera de maratón a un caballero con los pies planos.

Ese es otro rasgo preocupante de la evolución del proyecto coalicionero. Más de veinte años ininterrumpidos en el Gobierno autonómico -por no hablar de las eternidades que suman en cabildos y ayuntamientos- y padecen una angustiosa carencia crítica de personal político mínimamente solvente. Es una situación cada vez más peligrosa, porque si no dispones de nada, tienes que rellenar espacios antropomórficamente, y así termina David de la Hoz en la Mesa del Parlamento, por ejemplo.

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