14 de diciembre de 2016
Retiro lo escrito

Irreformables

14.12.2016 | 01:24
Irreformables

Ruano y Lavandera -un despistado podría confundirlos con una creación de Francisco Ibáñez- en el Congreso de los Diputados, exponiendo y solicitando la reforma del Estatuto de Autonomía de Canarias que las diferencias entre los tres grandes partidos del Archipiélago han hecho imposible en los últimos doce años. Una trifulca interminable, cruzada por ráfagas de ninguneo y hastío entre socialistas, nacionalistas y conservadores que ha carecido de cualquier grandeza, en efecto, pero también de cualquier contenido ideológico. Quizás hemos tenido suerte. ¿Para qué conseguir un marco competencial ampliado? ¿Para qué reformar el Estatuto si las fuerzas políticas decisivas en las islas se empeñan en ser irreformables? Pero si son incapaces de ponerse de acuerdo siquiera en el reparto de los fondos que libera la eliminación de un impuesto. Pero (disculpen la reiteración) si se plantan los presidentes de los cabildos en la comisión parlamentaria y se ponen a hablar de lo que les place, es decir, de que quieren las perras del Fondo de Desarrollo Canarias tal y como las distribuyó el Gobierno autónomo, y el portavoz socialista, para rematar la mamarrachesca viñeta, se marcha a largas zancadas. Es curioso esto de que los socialistas ahora se marchan de cualquier sitio, dignos, cejijuntos, expeditivos. Se van a la calle a tomar café como Leónidas se marchaba a Las Termópilas. En lugar de defender sus posiciones y criticar las del socio o el adversario, cogen la puerta y huyen. Vete tú saber a qué viene esta pueril estupidez. La comisión de cabildos llegó a un nivel tan penoso, tan espeluznantemente penoso, que Águeda Montelongo encarnó la sensatez durante unos segundos estremecedores al indicar a los presidentes cabildicios que si querían debatir monográficamente sobre del Fondo de Desarrollo de Canarias, podían solicitarlo y la comisión se reuniría de inmediato. Para que la señora Montelongo destaque por su tino y sensatez la situación tiene que ser realmente indescriptible.

Sinceramente, ¿queremos más autogobierno si las élites políticas del país no han sido capaces de sacar adelante, a lo largo de más de una década, la reforma estatutaria destinada a conseguir más autogobierno? Me estremece que el presidente del Gobierno canario -cualquier presidente imaginario- cuente entre sus manos con la posibilidad de disolver el Parlamento y convocar elecciones anticipadas, por ejemplo, porque tal competencia jamás se utilizará para un objetivo que no represente un beneficio electoral del partido en el poder. La convocatoria anticipada de elecciones es un mecanismo que refuerza siempre al poder ejecutivo. Lo único interesante de la reforma estatutaria es el cambio en la norma electoral que en el mejor de los casos sería menoscabada por el Partido Popular, algo con lo que cuentan en CC y hasta en el PSOE. Que el desempleo continué sin bajar del 28% de la población activa, el sistema sanitario siga en crisis operativa y los resultados de la educación pública sean aterradores y hasta irremediables no son argumentos, desde luego, para abandonar la reforma del estatuto, pero sí para despojarla de cualquier entusiasmo épico, de cualquier esperanza más o menos razonable de una Canarias más unida y democrática, más próspera, más cohesionada socialmente, más abierta al mundo y a la modernidad.

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