13 de diciembre de 2016
Retiro lo escrito

Crepúsculo interior

13.12.2016 | 02:40
Crepúsculo interior

Las cosas comenzaron a torcerse para Coalición Canaria cuando perdieron el grupo parlamentario en Madrid -sensu estricto reglamentario nunca lo tuvieron- y peor aún cuando perdieron el semigrupo. Desde luego, un voto, el solitario y coriáceo voto de Ana Oramas tiene su valor en esta coyuntura de mayorías insuficientes en el Congreso de los Diputados, pero no es comparable a los cinco escaños del PNV. Hasta Pedro Quevedo es diputado. El grupo (e incluso, luego, el semigrupo) parlamentario era para los coalicioneros su principal instrumento de relación estratégica con el Estado y la base de su legitimación como fuerza política. La mayoría de los votantes de Coalición entre 1995 y 2008 no eran en absoluto nacionalistas -quizás, en fin, los animase un vago regionalismo más o menos contemplativo- pero compraban como una mercancía electoral válida la oferta de una fuerza política autónoma respecto al bipartidismo imperfecto imperante y capaz de arrancarle al Gobierno de turno partidas presupuestarias, convenios, programas y, en segundo término, reformas legislativas y reglamentarias. Que CC haya quedado reducida a su mínima expresión en las Cortes ha corroído la percepción de su utilidad como proyecto político, especialmente en los sectores más dinámicos, formados e informados de la sociedad canaria.

Las cosas siguieron torciéndose cuando CC perdió una presencia significativa en Gran Canaria, en uno de los más estúpidos errores que han cometido sus dirigentes -tinerfeños, palmeros y majoreros fueron los máximos responsables del dislate- en sus veintitrés años de historia. El incumplimiento del acuerdo con Román Rodríguez, en virtud del cual Adán Martín ocuparía la Presidencia del Gobierno y Rodríguez la Vicepresidencia y la Consejería de Economía y Hacienda en 2003, supuso la virtual destrucción de CC en Gran Canaria, con una amplia mayoría de cargos públicos y cuadros y militantes embarcados en el flamante proyecto de Román Rodríguez, Nueva Canarias. Coalición se quedó con José Carlos Mauricio, que tenía mucha labia empapada en cinismo y un incomprensible prestigio maquiavélico, pero ningún voto en los bolsillos: ni siquiera llegó a ser elegido concejal del ayuntamiento de Las Palmas en 2007. A partir de entonces CC quedó desertizada en Gran Canaria: carece de líderes solventes, de estructuras organizativas sólidas, de implantación municipal perceptible, de espacio socioelectoral propio. Sin la reconstrucción de CC en Gran Canaria -han sido incapaces de emprenderla siquiera en la última década- deviene imposible una mayoría nacionalista sólida en el Archipiélago. Y lo que es más grave: al gobernar la comunidad autonómica, elección tras elección, una fuerza política que es cada vez más insignificante en Gran Canaria (apenas rascó el 6,25% del voto emitido en los comicios de 2015) en la isla ha germinado una reacción emocional de aislamiento, de exclusión y hasta de desafección hacia las instituciones regionales.

Y a la pérdida de grupos parlamentarios propios en las Cortes y de un partido que merezca tal nombre en Gran Canaria se sumó la pasada semana el extravío de otra característica que ha posibilitado la prolongada estadía de CC en el poder autonómico: su papel de centralidad en el sistema político canario. Coalición podía elegir como socio en el Gobierno o apoyo parlamentario al PSC-PSOE o al Partido Popular. Los otros partidos presentes en la asamblea -en buena parte gracias a la grotesca elevación de los topes electorales porcentuales en la reforma de 1996- apenas se repartían tres, cuatro, cinco escaños. Pero esto se acabó. Simplemente el paradigma político español ha cambiado con una derecha de mayoría muy minoritaria, una socialdemocracia en crisis ininterrumpida y organizaciones emergentes -Podemos y Ciudadanos- que también han desembarcado con fuerza en el Archipiélago. El pasado viernes los diputados socialistas reventaron la estructura de la asignación del Fondo de Desarrollo nutrido gracias a la desaparición del extinto IGTE. Ya no es CC quien manda a la oposición a quien quiera: al contrario, corre el riesgo de convertirse en oposición si media un acuerdo entre conservadores y socialistas -que han multiplicado reuniones y cortesanías- para el que ya han ofrecido abstenciones Nueva Canarias y hasta Podemos.

"Cuanto más tiempo lleva uno en el poder", le dijo una vez un líder democristiano al gran Indro Montanelli, "más cuidado y hasta más respeto tienes que tener con sus socios, no menos". Quizás los máximos responsables de CC lo entienden así igualmente, pero si lo han entendido, no lo demuestran. Se les agota el tiempo mientras a Fernando Clavijo se le está poniendo cara de Sísifo que puede quedarse hasta sin piedra que empujar.

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