11 de diciembre de 2016
Opinión

El gran reto de financiar el sistema

10.12.2016 | 23:43

N uestro vigente sistema de Seguridad Social nace en los años 60 del siglo pasado y, pese a sus constantes reajustes, sigue siendo hijo del modelo de relaciones laborales existente en aquellos años. Concretamente, resultaba aquél de un modelo productivo con empresas tradicionales, mercantilmente invariables, de prolongada existencia, mayoritariamente de perfil nacional y escasamente innovadoras, que necesitaban formar en la fábrica a sus trabajadores -jóvenes y hombres en su mayoría-, llegados con niveles de estudios muy bajos. Mientras se les formaba, y una vez formados, la empresa necesitaba dotarles de continuidad, ante el valor de la experiencia y la escasez de recambio en el mercado de recursos humanos. De ahí que el modelo de trabajo tendiese naturalmente al contrato indefinido y al trabajo para toda la vida.

En suma, la estabilidad era la marca básica del modelo, necesaria, por otra parte, para financiar un sistema de prestaciones sociales, que se antojaba con saludables perspectivas de futuro, dada la situación demográfica de entonces, caracterizada por los altos índices de natalidad y la limitada esperanza de vida tras el retiro por vejez.

Poco o nada de aquel tiempo se parece a la realidad empresarial de nuestros días. Desde hace algunos años venimos asistiendo a la globalización de la economía, la internacionalización de la producción, la volatilidad de las empresas, su pequeño tamaño, su complejidad organizativa con o sin ingeniería societaria (grupos de empresas, filiales, externalizaciones, etcétera). Los trabajadores que llegan a la empresa tampoco tienen mucho que ver con los de antaño; concretamente, llegan más formados, más mujeres, más tarde al mercado laboral y alcanzarán mayor esperanza de vida tras la jubilación.

Se trata, indudablemente, de una progresiva discordancia entre las dos respuestas que como colectividad nos hemos dado ante el problema social y económico de la dependencia de las rentas del trabajo. La respuesta a la necesidad de ordenar equilibradamente el recurso a la fuerza de trabajo de otros; y la respuesta a la necesidad de sustituir las rentas del trabajo cuando éstas fallen.

Y la discordancia no es sólo financiera, como se viene alertando desde hace muchos años, a la vista de la escasez de nacimientos, el aumento de la esperanza de vida y la llegada de los baby-boomers, que producirá una reducción drástica de cotizantes y un aumento inasumible de perceptores de prestaciones sociales. La discordancia es también cualitativa, si se piensa el sistema de Seguridad Social desde la perspectiva del tipo de cobertura que el sistema es capaz de garantizar.

Si el mercado de trabajo ya no ofrece la estabilidad necesaria para garantizar cotizaciones suficientes a la Seguridad Social ni, por tanto, la correlativa posibilidad del trabajador de acreditar carreras asegurativas suficientes para acceder a la prestación correspondiente, resulta engañoso seguir manteniendo invariable la fórmula de protección establecida. La financiación del sistema de Seguridad Social es, claramente, el gran reto de los responsables políticos y actuarios que intervienen, no sólo en España, sino también en el resto de Europa, habida cuenta del cambio tan drástico que viene produciéndose y que se acentuará en los próximos años en el modelo de relaciones laborales. Sin renunciar al gran logro social que entraña el principio de solidaridad que rige las aportaciones al sostenimiento del sistema de protección social, es absolutamente prioritario encontrar nuevas soluciones que dejen de estar a merced de una contribución personal difícilmente estable en un mercado laboral como el que llega, en el que los trabajadores cambiaremos de empleo con frecuencia, con períodos intermedios sin trabajo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine