26 de noviembre de 2016
Fútbol es fútbol

Orwell y los pantalones de Ronaldo

26.11.2016 | 01:58

Como el dichoso Clásico es la medida de todas las cosas futboleras, todo lo que sucede en el mundo del fútbol se observa con un ojo puesto en el primer Barça-Madrid de la temporada y otro ojo en los ingratos partidos antes del Clásico, que sólo tienen interés en la medida en que Neymar puede recibir una tarjeta amarilla que le impida jugar la madre de todos los partidos o Bale, vaya por Dios, lesionarse en un partidillo de Liga de Campeones en el que el Madrid se jugaba? ¡Bah!, no se jugaba nada. Todo el mundo sabe que el Madrid será primero de su grupo y que el Barça peleará por la Liga hasta el final, se ponga como de ponga Kameni y la Real Sociedad. Barça y Madrid se detestan de tal manera que los culés sólo piden a esta jornada de Liga que Neymar no se marche de Anoeta con una tarjeta amarilla y los madridistas sólo piden al Sporting que traten con cariño los tobillos de Ronaldo. Nada importa cuando todo lo que importa es un partido entre dos equipos que se odian tanto como se necesitan.

El olor del "Clásico" lo tapa todo. Y, sin embargo, culés y madridistas deberían situar su condición de futboleros por encima de los colores. Como hoy me he levantado optimista, creo que es posible un entendimiento futbolero entre rivales más allá de la grosería y el fanatismo de un Tomás Roncero. Cuando el escritor George Orwell luchaba en la Guerra Civil española, en una ocasión vio a un soldado del bando nacional que huía de las balas republicanas medio desnudo y sujetándose los pantalones con una mano. Orwell reconoció que no quiso dispararle porque estaba en la guerra para matar fascistas, pero un hombre que trata de que no se le caigan los pantalones no es un fascista, sino una criatura amiga, un semejante. Puede que los culés necesiten una experiencia parecida a la de Orwell para entender que Ronaldo y compañía no son monstruos repugnantes que fabrican victorias para la bestia blanca, sino futbolistas a los que sólo el azar ha vestido de blanco y no de azulgrana. A lo mejor el mundo del fútbol necesita que Ronaldo salga corriendo del Camp Nou sujetándose los pantalones para no tener que mostrar sus calzoncillos a media China. ¿Quién puede insultar a un hombre que lucha para no perder los pantalones?

Steven Pinker cita en su ensayo "La tabla rasa" un episodio ocurrido en la Sudáfrica del vergonzoso "apartheid" que puede servirnos para humanizar a Messi ante los ojos madridistas. En una manifestación en Durban, la policía cargó ccon su habitual violencia, y un policía perseguía a una mujer negra para golpearla con su porra. La mujer resbaló y perdió uno de sus zapatos, y el policía no aprovechó la circunstancia para golpearla sin piedad, sino que recogió el zapato, se lo entregó a la mujer y, después, dejó que se fuera. ¿Y si Messi perdiera una de sus botas en el Bernabéu? ¿No dejaría entonces la afición madridista de lanzar sus habituales insultos al jugador argentino, y desearía que alguien recogiera su bota? Hay pocas cosas más patéticas que un futbolista sin una de sus botas. Y del mismo modo que no tiene sentido aporrear a una mujer después de devolverle el zapato, no tendría sentido insultar a Messi después de devolverle su bota.

Hoy me he levantado optimista, pero creo que me voy a acostar pesimista. Por eso diré que a lo mejor Ronaldo no estaría demasiado interesado en sujetarse los pantalones porque si se le cayeran toda China vería su ropa interior, que diseña él mismo, y se vendería como rosquillas. Por eso diré que a lo mejor Messi no estaría demasiado interesado en que alguien le devolviera su bota porque lo que quiere la empresa que le paga por llevar esas espantosas botas de colorines es publicidad y que se vea bien la bota. Orwell no mataba fascistas con los pantalones caídos y el policía sudafricano no golpeaba a mujeres que habían perdido un zapato, pero me temo que Ronaldo y Messi pasan de Orwell y del policía. Y así no hay quien pueda, claro.

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