25 de noviembre de 2016
Retiro lo escrito

Ni conversación universal ni periodismo profesional

25.11.2016 | 01:14
Ni conversación universal ni periodismo profesional

Dedicarle una minuciosa ojeriza a las redes sociales no es óbice para participar en ellas; uno detesta el tráfico automovilístico y sus infinitas torturas, pero no deja de conducir coches, tomar taxis o desangrar las horas en un tranvía. Lo más irritante de las redes sociales es ese proclamado propósito, jaleado hasta la nausea, de posibilitar y sostener una suerte de conversación universal democráticamente abierta a todo aquel que tenga un ordenador o incluso un teléfono móvil. No hay ninguna conversación, por supuesto. La conversación es una conquista civilizatoria, una actitud cincelada por la educación, una predisposición cultural por conocer las razones del otro y no imponer las propias, y a menudo llegar al deslumbrante descubrimiento de que uno está equivocado. Borges solía contar que su padre le decía que siempre se debe procurar no tener razón en las discusiones. Así no es posible escribir un tuit que valga la pena. La inmensa mayoría de los usuarios de las redes sociales no tienen maldito propósito de conversar. Entran en danza para proclamar sus tirrias y sus filias, expresar su indignación, lanzar breves poemas de odio, ciscarse en adversarios reales o imaginarios, enlazar con contenidos generalmente insignificantes, o idiotas, o impertinentes. El 90% de los tuiteros de derechas siguen exclusivamente a políticos y periodistas de derechas y lo mismo ocurre con los tuiteros de izquierdas. Se chismorrea, grita, ríe o insulta para confirmar las convicciones, jamás para cuestionarlas o relativizarlas. Las redes sociales no son un espacio para el diálogo, sino una oportunidad inacabable para la gresca cacofónica.

Facebook es aún peor que Twitter. Mucho peor. Facebook pretende una amistad, un compañerismo, una misión compartida que constituye uno de los chistes empresariales más cínicos (y exitosos) de las últimas décadas. Facebook representa la voz de todos. Su capitán y propietario, Marc Zuckerberg, lo ha expresado en innumerables ocasiones con palabras muy parecidas: "Creemos que el mundo es mejor cuando todas las personas de diferentes orígenes y con diferentes ideas tienen el poder de compartir sus pensamientos y experiencias (?) Eso es lo que hace que las redes sociales sean extraordinarias (?) Somos una comunidad global donde cualquier persona puede compartir cualquier cosa, desde una foto encantadora de una madre y su bebé hasta el análisis intelectual de los acontecimientos políticos". No hay una sola palabra -ni una- que sea cierta en esa postal verbal. Es pura cháchara comercial y no se distingue fácilmente de la característica de un vendedor de enciclopedias de hace treinta años. Facebook no es una comunidad pentecostal. La empresa de Zuckerberg ingresó más de 15.100 millones de euros en concepto de publicidad el año pasado. Un 48% más que en 2014. Su valor en bolsa sobrepasa los 331.000 millones de euros y pagó por WhatsApp 21.800 millones de dólares cuando este servicio de mensajería contaba con 600 millones de usuarios (en 2016 ha superado los 1.000 millones): una mina de información. En realidad la retórica buenrrollista del señor Zuckkerberg intenta enmascarar que Facebook ya no es un mero contenedor de noticias, sino que ha empezado a actuar como un editor, es decir, como un medio de comunicación, y sin gastar un céntimo en periodistas. Los periodistas lo ponen otros -en el mejor de los casos- y la gente del común ejercen de columnistas más o menos inteligibles. En Estados Unidos casi dos tercios de la población adulta se informa a través de las redes sociales. En España el porcentaje debe estar incrementándose espectacularmente en los últimos años. El daño que se hace al periodismo y, en último extremo, al derecho a la información fiable, contrastada y contrastable, que es un derecho de los ciudadanos, es tan brutal como degradante, y mientras tanto, debemos seguir soportando esa fraseología adolescente y falsaria sobre una conversación universal que solo tiene como objeto reproducirse indefinidamente a sí misma.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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