20 de noviembre de 2016
Tribuna abierta

Los incendios no se apagan con gasolina

20.11.2016 | 03:14
Los incendios no se apagan con gasolina

En política como en la vida, la estabilidad no es un fin en sí mismo. Es un medio, un contexto que ofrece las condiciones idóneas para el buen desenvolvimiento de la actividad humana. La estabilidad por tanto no es el destino sino el camino que favorece el éxito de nuestros proyectos.

Pero la estabilidad no nace nunca de la coacción. No se impone, se conquista, a diario, desde la confianza y la lealtad. No es fruto de ningún decreto y acaba siempre por decaer si no existe verdadera voluntad.

Es cierto que la estabilidad no garantiza por sí misma el éxito ni los resultados, pero es igualmente cierto que sin ella resulta muy difícil cuando no imposible alcanzar a medio y largo plazo los objetivos que todos nos trazamos, sea cual sea nuestra voluntad y nuestra responsabilidad en la sociedad.

Y si la estabilidad entendida como confianza es un factor innegable de progreso de nuestra vida, en nuestra familia, entre nuestras amistades o en nuestro trabajo, aún cobra más trascendencia en responsabilidades públicas, en el ejercicio de gobierno, en la gestión del interés general.

No descubro nada al asegurar que esa estabilidad tan necesaria no es precisamente la tarjeta de presentación del Gobierno de Canarias. Ni lo es ni desgraciadamente lo ha sido desde que comenzó la actual legislatura, hace ahora un año y medio.

El culebrón de conflictos y desavenencias que soportamos del gobierno de nuestra comunidad desde entonces, que sigue abierto, es una rémora constante que, para colmo, amenaza a otras instituciones que gozan de una buena salud y ofrecen una estabilidad que para sí quisieran aquellos. Y es que la conflictividad no sólo es perniciosa, es también contagiosa, si no se ataja a tiempo.

Que a día de hoy quienes han hecho de la inestabilidad y el conflicto las señas de identidad de Canarias sean los promotores de contaminar instituciones municipales donde reina la confianza y el buen gobierno es un absoluto disparate. Y eso es lo que está ocurriendo hoy en Canarias. En Tenerife. En Puerto de la Cruz, en Arico o en Granadilla de Abona.

Cuando la primera responsabilidad del Gobierno regional y de sus socios políticos debería ser imponerse orden y seriedad por respeto a los canarios, el objetivo es bien distinto: desestabilizar a otros gobiernos que disfrutan de buena salud y que, a diferencia de los primeros, se ocupan de atender los problemas reales y no de crearle más problemas a sus vecinos.

Quizá estemos todos un tanto confundidos después de este año político tan confuso, con dos elecciones generales y meses de incertidumbre, pero esa situación ha cambiado, es pasado y ya no hay justificación alguna para que todas las instituciones trabajemos con estabilidad al servicio de los ciudadanos.

En estos momentos, en España y en Canarias, hay que distinguir entre fuerzas políticas y gobiernos que apuestan por la estabilidad o que por el contrario apuestan por la inestabilidad. Y ahí todos nos tenemos que retratar.

El Partido Popular, el Gobierno de España, apuestan por la estabilidad. La cuestión ahora es averiguar por qué apuestan en el Gobierno de Canarias y la respuesta no se esconde en Puerto de la Cruz, en Arico o en Granadilla de Abona, sino en los socios de Gobierno, que deberían saber ya hace mucho tiempo que los incendios no se apagan nunca propagando el fuego.

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