03 de noviembre de 2016
Retiro lo escrito

Veinte días

03.11.2016 | 03:33
Veinte días

El comité ejecutivo del PSC-PSOE avaló ayer por una amplísima mayoría mantener los pactos con Coalición Canaria que sustentan el Gobierno autonómico presidido por Fernando Clavijo y vicepresidido por Patricia Hernández. Solo se produjo una abstención, la del diputado Gustavo Matos, pero no la puedo comentar, porque cuando escribes directa o indirectamente sobre él Matos se irrita mucho, se presenta como víctima de una persecución incomprensible, te acusa de tenerle manía y lo explica todo, finalmente, porque el columnista lleva toda su mísera existencia viviendo en los brazos de Coalición Canaria. Desde luego que es curioso que quien ha ostentado un cargo público durante cuatro años gracias a los acuerdos entre CC y el PSOE -después de salir huyendo de una lista electoral fallida- conserve todavía suficiente cuajo para acallar las críticas con chismes y descalificaciones, pero ya les digo, el señor Matos me causa un pánico incontrolable, y me reservaré comentar que su abstención de chichinabo es un ejemplo más de ese nadar y guardar el Carolina Herrera que siempre ha caracterizado su trayectoria política.

Se comenta -pero sin confirmación por ninguna parte- que Coalición ha recobrado la confianza de los socialistas ofreciendo incrementos presupuestarios en varias áreas controladas por el PSOE para el próximo año, lo que resulta bastante estremecedor: pensar que la estructura presupuestaria de un Gobierno pueda depender de la mayor confianza o desconfianza entre sus socios se le antoja a cualquier un camino expedito hacia una tremenda irresponsabilidad. Pero, ¿qué otra cosa podrían haber ofrecido los coalicioneros? ¿Expulsar definitivamente a sus concejales en Granadilla? ¿Convencer con un hechicero vudú a Elena Fumero para que dimita como alcaldesa de Arico? ¿Enjaular en la plaza del Charco a Sandra Rodríguez mientras se pide la canonización de Marcos Brito? Claro que se les puede expulsar para volver a recibirlos como hijos pródigos más tarde, pero no podrían cobrar un euro en los próximos tres años, al pasar obligatoriamente al grupo municipal de los no adscritos en sus respectivos ayuntamientos. Clavijo necesita una solución. Debe dejar la taifa tinerfeña más o menos pacificada antes de abandonar la secretaría general insular, como muy tarde en otoño de 2017, pero las precipitaciones, los cansancios y los fulanismos pueden dejar arrasada la organización de CC en todo el sur de Tenerife -un inmenso granero de votos cuyo mayor silo es Arona- con su impacto electoral en el Cabildo y el Parlamento. Por eso el plazo de veinte días al que se ha comprometido el presidente es una de las jugadas políticas más extrañas, incomprensibles y potencialmente peligrosas para CC en los últimos años.

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