Opinión

De finados y tenorios

31.10.2016 | 23:03
De finados y tenorios

"Todos sus difuntos este día, porque yo los llamaría antes de haberlos curado a este puesto ha señalado, los que venimos pidiendo y les dio usted el amparo. Las gracias yo voy a dar están en la eternidad sus difuntos descansando". Copla de ánimas tradicional canaria.

Los "finaos", término que en realidad se corresponde al definados y que según la Academia Canaria de la Lenguas el Día de Difuntos, en Canarias y mayormente en la islas orientales, hace referencia a una fiesta popular que se celebra tradicionalmente la víspera del día de Todos los Santos, es decir del 1 de noviembre.

Por otro lado, la tradición de representar el Don Juan Tenorio de José Zorrilla durante esta festividad se pierde más allá de su estreno en 1844, basándose este hábito bien en que la obra fue escrita un 1 de noviembre o por el contrario que al transcurrir su segundo acto en un siniestro cementerio donde los muertos cobran vida ese día se confiere protagonismo a la muerte, a las presencias fantasmagóricas, a la redención y a la salvación del alma del arrepentido

En una cultura ancestral, longeva y rural como es la nuestra familiares, amigos y vecinos de todas y cada una de nuestras islas se reunían a modo de convivencia en una noche peculiar en la que los mayores recordaban a sus muertos, los finaos, exaltando sus virtudes o disimulando sus defectos, relatando anécdotas y exagerando sucesos acontecidos a éstos.

En torno a esta fiesta se ingerían los frutos propios de esta época del año, es decir castañas, nueces y manzanas del país, se pasaban higos y tunos a los que se introducían almendras o se elaboraban platos más complejos como el queso de almendras e higos o frangollo, que se acompañaban con buches de anís, ron miel o vino dulce del país, puesto que además de hacer más llevadero el frío otoñal alegraban el espíritu que correspondía a una fiesta como ésta y que debiera ser en ausencia de las bebidas espirituosas, triste y melancólico.

En fechas posteriores y en muchos lugares de nuestro Archipiélago se salía a la calle con los Ranchos de Ánimas al son de cantos por los barrios y pueblos, solicitando y recogiendo limosna al objeto de encargar misas por los difuntos del pueblo. Los dirigían los rancheros, que o bien eran elegidos por sus vecinos o heredaban el cargo de sus antepasados. Esta tradición en Canarias se remonta al siglo XVI cuando muchas parroquias la adoptaron como muestra de la devoción por las Ánimas del Purgatorio y entronca con la española costumbre de la época de las Cofradías de las Ánimas, formadas por gentes del pueblo, agricultores en su mayoría.

Con el paso del tiempo la fiesta de los finaos pasa a tener un carácter lúdico y festivo, acompañándose de parrandas que amenizan la misma y con la presencia de ventorrillos y bailes de taifas, celebrándose la misma en numerosos pagos y pueblos de nuestra geografía insular.

Es de desear que tradiciones anglosajonas como el Halloween que a su vez fueron introducidas por los celtas no nos priven de compartir la alegría en torno a timples, bandurrias y guitarras, en ventorrillos donde encontrar productos de nuestra tierra que acompañen a nuestros grandes vinos y a nuestras mistelas y licores, para de este modo y manera recordar los buenos ratos que en vida compartimos con nuestros difuntos, esos finaos a los que como cantan los Ranchos de Animas "Con la puerta abierta, la luz encendida, así se reciben las de la otra vida".

Alfonso J. López Torres @AlfonsoJLT

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