Tribuna abierta

El futuro del negocio de la música

30.10.2016 | 04:10
El futuro del negocio de la música

Con internet y su consiguiente revolución tecnológica (que ha propiciado la digitalización de contenidos y el desarrollo de dispositivos móviles e informáticos), la música ha alcanzado unas cotas récord de creación, distribución y consumo. Hoy cualquiera puede realizar una grabación más o menos profesional que, una vez colgada en la red, puede ser escuchada por cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Todo ello a un coste irrisorio. Sin embargo, esta expansión del mercado musical, de su creatividad y consumo, ha ido acompañada de una caída de los ingresos de la industria. ¿Cómo se explica esta contradicción? La aparición de una tecnología disruptiva catalizada por internet ha afectado (aunque de forma diferente) a las dos grandes áreas del negocio musical: la música grabada y la música en vivo. En cuanto a la música grabada, dada la dificultad de poner puertas al campo (de obligar a pagar por el consumo legal de música distribuida por la red) se ha producido un desplome de los ingresos del conjunto de la industria, generando una nueva crisis en un negocio que, desde su aparición a finales del XIX, ha experimentado diversas todas ellas provocadas por avances tecnológicos. Además, internet ha facilitado la posibilidad (hasta ahora casi inédita) de que el artista se relacione directamente son sus fans (y viceversa). Creadores como Amanda Parker, Artic Monkeys o Paramore han hecho de esta relación directa artista-fan la clave de su éxito profesional. La distribución de música y las nuevas posibilidades para los artistas de conectar con sus seguidores vía internet han puesto en peligro la existencia de los otrora imprescindibles y poderosos intermediarios de esta industria (discográficas y distribuidores mayoristas), propiciando a su vez la irrupción de nuevos agentes en el mercado, como las plataformas de distribución digital o de streaming -la gran esperanza del sector para conseguir que el consumo sea otra vez mayoritariamente de pago-, los ISPs o financiadoras como Kickstarter. No obstante, los servicios de streaming (Spotify, Deezer, Tidal), tampoco han conseguido remontar las ventas de música grabada a niveles similares a la etapa precrisis, ni parece que lo vayan a hacer en un futuro inmediato. Caso muy diferente al de la música grabada es el de la música en vivo. Al no ser la asistencia a conciertos una experiencia afectada en su esencia por los cambios tecnológicos (asistir a un concierto es una vivencia única, en absoluto replicable en la red), la música en directo se ha revalorizado en el negocio musical. Si antes de la crisis se hacían giras y conciertos como estrategia para vender discos, en la era de internet la música grabada se ha convertido en un elemento para la venta de tickets de conciertos. De hecho, los ingresos de la música en directo han aumentado durante la crisis. Y continuarán haciéndolo, tanto por el aumento de los precios (las entradas continuarán subiendo debido a un sistema de producción eminentemente artesanal y la consiguiente limitación en la generación de economías de escala, como ya enunciaron en los 60s del siglo pasado los economistas Baumol y Bowen) como por la posibilidad de expansión del mercado que ofrecen los conciertos protagonizados por hologramas de artistas expresamente creados con esta tecnología (la cantante Hatsune Miku es caso el más paradigmático), por hologramas de intérpretes actuales (Black Eyes Peas en los NRJ Music Awards 2011) e incluso de artistas desaparecidos (Tupac Shakur en Coachella 2012 o Michael Jackson en los Billiboard Awards2014). La estrategia de conglomerados globales como Live Nation (protagonista de un espectacular proceso de integración vertical en el sector de la música en vivo a nivel mundial) es buena prueba de la importancia renovada del liveentertainment para el negocio. ¿Qué podría hacer la música grabada para intentar alcanzar las cifras de negocio del pasado? Además de las prácticas habituales (incentivar el consumo de pago a través de campañas de concienciación para usuarios individuales y de perseguir aquellas entidades que hacen negocio con la piratería), quizás la compra de música grabada debería ligarse a experiencias únicas (como el meettheartist con Jimmy Page del que pudieron disfrutar un grupo de privilegiados fans en Londres con motivo del último lanzamiento de Led Zeppelin; o la asistencia a presentaciones de nuevos álbumes) o relacionadas con la asistencia a conciertos (ligar adquisición de nuevos álbumes con la compra de tickets). En definitiva, futuro prometedor para el directo mientras que la música grabada se enfrenta al reto de encontrar valores añadidos al "simple" hecho de la compra para evitar convertirse en una commodity.

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