Tiralevitas unidos

28.10.2016 | 03:37
Tiralevitas unidos

Mariano Rajoy saldrá investido el sábado presidente del jodierno (feliz neologismo que aprendí del poeta Álvaro García, que saca ahora en Pre-Textos El ciclo de la evaporación). Luego tal vez no pueda ir a informar al Rey, dado que éste ha de viajar a Hispanoamérica a una cumbre. Tanto mejor para el erario.

El protocolo de la Casa Real no debe ganar para café y pastas, el despacho de Felipe VI está más concurrido que el metro en hora punta. La agenda del monarca se ha convertido en una tertulia política, ora con un rojo revoltoso, ora con un burgués partidario del estado de cosas y de la siesta con pijama. Lo mismo le cae en la audiencia matinal un regionalista con sueños de primer ministro que un reformista que cada vez que piensa que puede pasar a la posteridad se alza para parecer en los libros de historia un poco más alto que Suárez.

Rajoy formará un Gobierno que dará a conocer a más tardar el lunes. Damos por hecho que ya tiene pensado quiénes serán ministros y ministras y que los que aspiran a ello estarán haciendo méritos y maniobras para asentar de nuevo o por primera vez las posaderas en coche oficial, despacho de noble edificio y Moncloa los viernes.

Y en eso es en lo que nos interesa indagar, en lo que realmente ha movido siempre a este país: esos tiempos en los que tantos se mueven espoleados por el leitmotiv o principio filosófico que podríamos resumir en: hay posibilidad de pillar... Un ministerio, una subsecretaría, una delegación de Gobierno, una agencia de cualquier cosa, embajadita, momio, covachuela o canonjía, vulgo chollo, un algo. "No quiero tener ocupado mucho tiempo el teléfono por si me llama Mariano", podría estar diciendo ahora mismo un petulante a su círculo íntimo, círculo que a su vez azuzará su vanidad por seguir siendo de ese reducto íntimo de un notable, lo cual puede granjear algún beneficio.

Los mejores enchufes son esos que nunca se explicitan. Ese contratar a un nota por ser amigo de un amigo del ministro y que ni el ministro mueva un dedo por él ni nadie, pero alguien se vea en la obligación de darle un trabajo.

Es la hora de los subsecretarios. De los aspirantes, tiralevitas todos unidos en la lucha final. Por el cargo. Qué hay de lo mío. Mariano, acuérdate. Yo siempre he estado contigo. Y en ese plan.

El liderazgo político es saber administrar los egos ajenos. Lo fácil es cuando se tiene cargos para todos. Cuando la oposición entra por la puerta el amor (político) sale por la ventana. No hay más que ver a Zombi Sánchez. Si resucitara alguna vez, si le organizaran unas primarias y lograra ganarlas, si el destino le hiciese algún guiño, entonces de nuevo esas manitas flácidas de pelota sudorosín le palmearían la espalda again baboseando elogios. Lo invitarían a pastas y todo.

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