Pía enciende la luz

23.10.2016 | 01:56
Pía enciende la luz

Los ciudadanos estamos cansados. Estamos cansados de ver cómo se pudre todo lo que nos rodea. Estamos cansados de políticos corruptos, de empresarios que solo piensan en su bolsillo sin importar las consecuencias, y de funcionarios que se prestan a los saqueos que han sufrido las arcas de nuestras administraciones públicas. Estamos tan cansados que cuando vemos a una persona honrada no sabemos si reír o llorar.

En medio de toda la jungla de Las Teresitas, donde se encuentran especies tan variopintas como Miguel Zerolo, Manuel Parejo, Ignacio González o Antonio Plasencia; se coló el pasado lunes un rayo de esperanza. Pía Oramas, la hermana de la diputada de Coalición Canaria, acudió al Tribunal que preside el magistrado Joaquín Astor Landete (olé por Landete y por cómo está llevando el juicio) para declarar sobre el presunto mayor pelotazo que ha golpeado a la sociedad chicharrera.

Escuchar a Pía Oramas es como escuchar música después de pegarse todo un día en medio de una pelea de gallos, y con gallos me refiero a los que se sientan en nuestras instituciones a discutir sin importarles un carajo lo que le pasa a la gente. Relaja mucho. Sobre todo, sirve para descansar de toda esa tensión que te sube por las venas cuando te enteras de que los políticos a los que un día votaste están siendo juzgados por ponerse presuntamente de acuerdo para gastar más de 52 millones en comprar una playa donde no se podía construir y generar un negocio de más de 110 millones a dos empresarios cuyo único interés tiene forma de ladrillo.

Pía Oramas entró en el Palacio de Justicia como si aquello no fuera con ella. Pasó por delante del banquillo de los acusados sin dedicar ni un segundo a mirar a la cara a los responsables del mayor escándalo que ha sacudido a Santa Cruz de Tenerife. Cuando atravesó el pasillo, a Ignacio González se le cayó el alma, Miguel Zerolo recordó todas las veces que se abrazó a Ana Oramas en un cartel electoral y Manuel Parejo enterró la cabeza en un agujero que hay en el piso del Juzgado y que, probablemente, ha ido perforando poco a poco Antonio Plasencia a lo largo de todas las sesiones.

A Pía Oramas la interrogó María Farnés Martínez, que es la fiscal que lleva el caso y que se conoce cada grano de arena que hay en Las Teresitas. La funcionaria, que físicamente es un clon de su hermana, también lleva el gen del carácter familiar. Y los tiene bien puestos. Los genes, me refiero. Tanto es así que cuando Manuel Parejo y su séquito de la Gerencia de Urbanismo de Santa Cruz le hicieron la vida imposible por negarse a valorar los terrenos de la playa con un precio mayor al que en realidad costaban, cogió la maleta y se fue al Cabildo de Tenerife, donde la tratan con el respeto que se merece.

No es fácil su posición. No lo es por los vínculos políticos de su hermana. Y no lo es porque hoy en día sale más rentable ser corrupto que honrado. Pero Pía Oramas está hecha de otra arcilla. El lunes se sentó delante del Tribunal y contó la verdad, la misma verdad que durante años se ha ocultado, como su informe en un armario muy grande donde el cuelga el cartel con el nombre de Las Teresitas. Pía Oramas sabía en 2001 que los terrenos de la playa valían tres veces menos de lo que quería pagar el Ayuntamiento. Y lo puso por escrito. Eso enfadó mucho a Parejo, ese portento de la política que convenientemente Miguel Zerolo colocó en la Gerencia de Urbanismo. Parejo y otros funcionarios, como Víctor Reyes o José Tomás Martín, presionaron a Pía Oramas, tal y como declaró esta en el juicio, para que firmara tasaciones que multiplicaban por tres el coste de la operación. 52 millones de euros frente a los 17 millones que plasmó la funcionaria en su informe.

Quince años después, Pía lo contó todo delante de un Tribunal. Desde las amenazas que recibió hasta algo tan importante como que los empresarios no hubieran podido construir ni un hotel en el frente de Las Teresitas. Con Pía Oramas se viene abajo toda la teoría de que la compraventa se hizo para ayudar al pueblo y evitar que se levantaran edificios en la playa. No podían hacerlo, pero había que vestir el pelotazo para que pareciera creíble. Si realmente hubieran pensado en la gente, Zerolo y compañía habrían gastado todos esos millones en solucionar los numerosos problemas que tiene la capital, donde todavía hay muchas zonas que ni siquiera tienen sus calles asfaltadas, donde muchos barrios no cuentan con servicios básicos y donde no hay un solo lugar decente donde bañarse sin coger el coche o pagar una entrada.

La declaración de Pía Oramas demuestra que todavía se puede confiar en una sociedad mejor. No todo el mundo tiene un precio y no todo el mundo se corrompe. Para Pía, lo fácil hubiera sido firmar aquellas tasaciones. Lo sencillo era entrar por el aro. De haberlo hecho, probablemente no tendría que haber visto su nombre en los periódicos durante años, le hubiera evitado un mal trago a su hermana. Eso sí, nunca habríamos descubierto lo mal que olía la Gerencia de Urbanismo y, lo que es peor, incluso puede que algunos de los protagonistas de esta historia todavía siguieran campando a sus anchas por el Ayuntamiento.

Se suele decir que no hay nada como encender la luz para que las cucarachas salgan a esconderse. El lunes Pía Oramas prendió una antorcha que todavía brilla en el Palacio de Justicia. Queda mucho juicio, pero Oramas, y un señor que pasaba por allí y que aportó un documento que complica aún más las cosas a los acusados, se lo están poniendo mucho más fácil al bueno de Landete. Veremos qué contestan todas las personas que señaló la funcionaria cuando les llegue el turno de su declaración.

No quiero olvidarme de los 15 abogados de los acusados, que conviven apretados en una de las esquinas como fósforos en caja. Entre todos suman un caché con el que se podría volver a comprar la playa de Las Teresitas, pero hasta el día de hoy no han podido hacer mucho por sus clientes.

De momento, habrá que conformarse con ver si Miguel Zerolo, que si fuera una diosa romana sería la de la fortuna, nos pasa la suerte que siempre le ha acompañado. Pocas personas pueden presumir de ganar un premio millonario, el mismo año, en las loterías de Navidad y El Niño. Mucho más difícil es encontrar a alguien que se haya ido a las Islas Mauricio de vacaciones y le haya tocado el premio gordo de un casino. Pero así es Miguel, un tipo al que se le dan bien los juegos de azar. En Mírame Televisión ya hemos frotado el décimo que regalamos este año por la silla que ocupa el exalcalde desde hace semanas. A ver si de una vez por todas el pelotazo nos toca a nosotros.

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