Hoja de calco

El profeta niño

20.10.2016 | 00:16
El profeta niño

Las profecías de Niño Becerra dan miedo. No vienen de los astros ni de los pájaros, sino de esos gráficos abruptos e incomprensibles que los entendidos miran con la lupa de su propia ideología. La ideología de Niño Becerra describe una clara tendencia a la izquierda cuando quiere hablar de políticas sociales. Luego se toca la barba con la que firma sus portadas y nos mete miedo a derecha e izquierda cuando dice que la cosa irá mal durante, al menos, seis años más. Uno saca los dedos y cuenta y se pregunta si, en lugar de crisis, lo que está viviendo este Occidente nuestro es algo más que una época, una mala época. Y aunque veinte años no es nada para los tangeros; catorce años, entre los ocho, aprox., que llevamos timoneando y los seis que, según Niño Becerra, quedan para salir del fango del déficit, es un tiempo demasiado amplio. ¿Seis años más?, suspira uno, con la mente abierta a lo profético de Niño Becerra. Seis años más de los ocho que lleva España sin pisar el suelo de la certidumbre y de este país es posible que no quede ni Barcelona como española ni izquierdistas en el Congreso. No obstante, al igual que los augures romanos, que veían las señales que los pájaros dibujaban en el cielo y luego se inventaban el destino a conveniencia, los economistas reputados y mediáticos puede que, ante los pajarracos que surcan los celajes de España, también hagan de las suyas para mantener el porte en candelero. Niño Becerra parece que con la barba se basta para mantenerse en la mecha de los economistas mediáticos (haberlos, haylos), ya que, aparezca por donde aparezca, ese toque amish y ese nombre inquietante obligan a lectores y televidentes a pararse en seco y atender. Intencionalidad y estética al margen, Niño Becerra es de los pocos seres humanos que ha visto cómo se cumplen sus profecías. En el best seller El crash del 2010, publicado en 2009, el catedrático nos planteó sin alardes lo que vendría después del estallido. Ahora que conocemos cómo fue la deflagración de las burbujas, podemos decir que Niño Becerra es un buen profeta. Mientras el Plan E intentaba hacer lo que hizo Hoover para alejar a Estados Unidos de la depresión: obras públicas, a nadie excepto a Niño se le ocurrió darle contenido nacional a los signos que dibujaban los pájaros de Wall Street al caer como moscas. Porque a veces la profecía no está tanto en el arrebato mistérico, sino en esa realidad que hay entre el primer café de la mañana y el último cigarro del día. Hoy que vemos cómo planean sobre las pensiones pájaros agoreros que dicen que el fondo de reserva se acaba y que no hay posibilidad de equilibrio entre currantes y pensionistas, ver a Santiago Niño Becerra profetizar futuro da miedo, mucho miedo.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine