Más claro el agua

16.10.2016 | 03:56
Más claro el agua

Como experto en traseros que soy, tengo que decir que a mí el de Calatrava -Santi, para los amigos- me gusta. El arquitecto valenciano al que los tinerfeños recordamos por cobrarnos 12 millones de euros por diseñar el Auditorio, obra que inicialmente nos iba a salir, según él, por 24 millones y que finalmente nos costó más de 72 millones de euros. Casi nada, el hombre. Seguro que en matemáticas, Cala era un fiera. En la isla picuda también lo recordamos cariñosamente por las goteras que atraviesan el techo del Recinto Ferial, obra que, en principio, iba a costar 15 millones y que, miren por dónde, la broma terminó saliéndonos por más de 30 millones de euros. Lo reconozco: a mí Calatrava me pone, y mucho.

Fíjense si el tipo es un genio que aunque reside en Zúrich -allí debió cruzarse con los Bárcenas y con todos los golfos que van por donde él vive a esconder las perras-, sus defecaciones artísticas están repartidas por todo el planeta.

Como recordarán, el Tribunal Supremo condenó al arquitecto por "negligente" ante los "numerosos defectos" del Palacio de Congresos de Oviedo. A Santi casi le da algo cuando se enteró, a través de una sentencia, de que la broma le había salido cara y de que lo condenaron a pagar tres millones de euros por sus baifadas.

En el caso de El Puente de la Constitución de Venecia fue denunciado por el Ayuntamiento por el sobrecoste de la obra, que pasó de 3,8 millones a 11,2 millones. Calatrava fue absuelto, pero se demostró que la obra costó casi cuatro veces más de lo presupuestado.

La Estación de Metro del World Trade Center de Nueva York, además de ser muy criticada por su diseño, ha generado una enorme polémica por su retraso, ya que tardó 12 años en terminarse, y por el sobrecoste de los trabajos, que pasaron de los 1.650 millones del principio a los 3.677 millones del final.

En la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia quedó en evidencia porque el paso del tiempo puso al descubierto numerosos fallos, deficiencias y errores de diseño y funcionamiento. El Palau se inunda a menudo, hay goteras en el Ágora y se ha desprendido parte de la fachada del Auditorio. La factura del recinto se elevó a cientos de millones de euros.

Respecto al Puente Zubi-Zuride Bilbao, el Ayuntamiento tuvo que modificar la infraestructura para colocar una pasarela que permitiera acceder a las Torres Isozaki. Calatrava, pese a ser el responsable del fallo en el diseño, demandó al Ayuntamiento y fue indemnizado con 30.000 euros (inicialmente pedía tres millones).

A mí de Santi me gusta todo: su tono altanero, sus ojitos chicos, su ojete grande, su pelo acocado, su enorme calculadora y hasta esa forma tan cerdaca y escandalosa de inflar sus facturas por el cobro de sus obras.

Cala no dijo nada del otro mundo al afirmar que él vive en el corazón de Europa (donde los ladrones van a esconder sus dineros) y nosotros, en Tenerife, que está en el culo del viejo continente y es un lugar donde residen algunos políticos, expertos en retretes, que permitieron al arquitecto de las hermosas nalgas, previo pago de algunos millones de euros, referirse a nuestra isla de aquella manera.

No sé a qué tanta bobería y revuelo por las declaraciones del presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, al expresar públicamente el pasado jueves su convencimiento de que el PSOE quiere mantenerse en el pacto de Gobierno de Canarias con CC no para que funcione, sino "para que algunos cobren un sueldo a final de mes". Ya esto lo largue aquí el domingo pasado y el anterior. Pero claro, no es lo mismo que lo espete un servidor a que lo largue todo un presidente insular, que, además, es su socio de gobierno. Y es que el presidente no se quedó corto y les mandó una rociada a los del PSOE en el Gobierno que, todavía hoy, a más de uno le tiemblan las piernas

¿Acaso lo dicho por Alonso es mentira? Muchos fueron los años que los socialistas pasaron en la fría bancada de la oposición y no debe ser plato de buen gusto volver a ella.

No bastándole con eso, Alonso recordó que el PSOE ha dicho que el pacto está roto, por lo que él ha trasladado a su partido que, si se quiere arreglar, es para que funcione para los ciudadanos, "no para los que están sentados en una silla".

Lo dicho por el presidente de Tenerife en nada ha pillado a los socialistas por sorpresa, que siguen callados como tusos, entre otras cosas porque ellos son los primeros en reconocer que a Carlos no le falta razón. Sin embargo, poco ha tardado Mario Cabrera desde las filas nacionalistas majoreras en exigirle a su compañero Alonso que pida disculpas a los del PSOE. Está bonito Cabrera. Se le olvida al expresidente de Fuerteventura, ahora diputado, siempre hombre bien pagado y experto ocupador de sillas donde sentar sus posaderas, que el que debería de pedir disculpas es él, pero a sus vecinos, por haber permitido que sea la isla con peores servicios sanitarios del Archipiélago. Si cabrera hubiera defendido las reivindicaciones sanitarias majoreras con la misma pasión que puso en el "no al petróleo", a lo mejor otro gallo les hubiera cantado a sus paisanos.

Carlos Alonso podrá estar más o menos acertado en su manera de decir las cosas, pero lo que nadie pone en duda es que lleva razón en todo lo que dice.

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