Cine 'Un monstruo viene a verme'

Miedo y sensibilidad

15.10.2016 | 05:39
Miedo y sensibilidad

El director español Juan Antonio Bayona ha rodado hasta la fecha tres largometrajes, conformando así una trilogía no oficial sobre las relaciones materno filiales. Sus dos anteriores títulos, El orfanato y Lo imposible, además de alcanzar rotundos éxitos en la taquilla española (extensible en el segundo caso a la internacional) ofrecían una mezcla muy correcta de intensidad y emotividad, cualidad muy difícil de conseguir. Se trata de un cineasta que posee la gran habilidad de saber contar las historias. Se vale de su gran dominio de la técnica para convertir en imágenes los relatos que quiere transmitir al espectador. Moldea con soltura y solvencia el elemento visual, la palabra, la música, los efectos especiales y a los actores, construyendo así una obra coherente y rigurosa que irradia sensibilidad y que provoca en el público un torbellino de sensaciones. Sólo por esa virtud, este ganador de dos premios Goya es digno de aplaudir y de admirar. Cabe esperar que su inminente salto profesional a la industria norteamericana (probablemente será el encargado de la próxima secuela de Jurassic World) no le arrebate sus señas de identidad como artista.

En Un monstruo viene a verme combina con acierto el género fantástico y el drama. Por lo tanto, no se trata de una cinta de acción ni de terror. En ese sentido, quien acuda a la sala de proyección con la intención de pasar miedo o de presenciar escenas vertiginosas acabará desconcertado porque la esencia del film es netamente dramática. Y a la pregunta de si contiene una excesiva carga emotiva o lacrimógena, la respuesta dependerá de dónde sitúe cada persona la frontera entre ambos sentimientos. En mi opinión, aunque a veces bordea el precipicio del sentimentalismo, nunca cae en él. La cinta es tierna y triste porque debe serlo. Del mismo modo que es fantasiosa e imaginativa porque también debe serlo.

Connor, con apenas doce años, se ve obligado por las circunstancias a asumir una serie de problemas no acordes con su edad. Unos padres separados, una madre gravemente enferma, una abuela con la que mantiene una difícil relación y un situación de acoso escolar por parte de sus compañeros de clase le empujan a refugiarse en un mundo alternativo de fantasía. Comparte ese peculiar universo con un árbol, un tejo anciano de aspecto monstruoso que, a veces en sus pesadillas y a veces estando despierto, le ayuda a soportar su amargo día a día. Reconociendo la dificultad a la hora de mantener el mismo nivel de intensidad e interés durante todo el metraje, o el hecho de que la carga dramática afecte a la fuerza de la narración, la verdad es que la cantidad de aciertos sobrepasa ampliamente cualquier pequeño fallo. Bayona firma una obra muy conmovedora -característica cada vez más insólita en la actual deriva del Séptimo Arte-, aunando la mejor faceta fantástica y tierna de Tim Burton con la más vibrante y afectiva de Spielberg en la mítica E.T. El extraterrestre. De hecho, me atrevo a aventurar que una de las últimas frases que pronuncia el entrañable monstruo (Estaré aquí mismo) es un homenaje al diálogo de despedida entre E.T. y el pequeño Elliott.

El jovencísimo actor Lewis MacDougall, visto ya en Pan: Viaje a Nunca Jamás, se alza como la gran revelación del largometraje gracias a su creíble y efectiva actuación. Sin duda, él es el alma del filme. Le acompañan en un oportuno reparto la también solvente Felicity Jones (La teoría del todo, Like Crazy) y la reciente premio Donostia del Festival de Cine de San Sebastián, Sigourney Weaver (Alien, el octavo pasajero, El año que vivimos peligrosamente, Armas de mujer, Gorilas en la niebla). Liam Neeson es el encargado de prestar su voz al árbol en la versión original.

www.cineenpantallagrande.blogspot.com

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