Retiro lo escrito

Misterios

08.10.2016 | 03:55
Misterios

En un viejo y estupendo cuento de Julio Cortázar, La autopista del Sur, se describe lo que comienza por ser un fenomenal atasco automovilístico y termina transformándose en un espacio de convivencia y un estilo de vida. Repentinamente las colas se detienen y los coches no avanzan un centímetro más. Se suceden las horas, los días, las semanas. Poco a poco se construye una nueva civilización en plena autopista basada en una economía de trueque y en cierta violencia defensiva. Al verano sucede un otoño de lluvias templadas sobre los automóviles y antes de fin de año comienzan a nacer los primeros niños. Nada impide que se celebren las Navidades ni que comience a soñarse con el próximo verano y en las flores que adornarán los arcenes donde los adolescentes aprenden a besarse a la luz de la luna.

En Tenerife no se ha llegado a este extremo, pero tampoco falta demasiado. Alboreará la mañana inconcebible en la que el funcionario que vive en La Matanza y debe trasladarse a sus oficinas en Santa Cruz se detenga en La Laguna para siempre, encerrado en su propio vehículo para otear procesiones religiosas y bizcos procesionantes, dedicado a recordar dolorosamente a su esposa y sus hijos. Lo más asombroso de los problemas de movilidad que amargan la vida y afectan la salud de miles y miles de tinerfeños diariamente -por no hablar del efecto acumulado de la contaminación de los vehículos- es que ocurren en un territorio, Tenerife, en el cual, según la leyenda, una prodigiosa entidad omnisciente y omnicomprensiva, conocida como Cabildo Insular, se dedica a planificar la isla en cuerpo y espíritu con una pasmosa, inquebrantable, puntillosa lucidez. Desde la producción vitivinícola hasta la vigilancia del concepto platónico de guachinche, pasando por la venta de chancletas y toallas de playa en grandes centros culturales como el TEA, el Cabildo lo planifica todo. ¿Cómo es posible entonces que se produzca este atasco interminable y enervante todas las mañanas? ¿Cómo no alcanzó la prodigiosa inteligencia cabildicia para construir los nodos de comunicación -incluidas la estación central de guaguas- en las proximidades de la entrada a la capital y no en el corazón de la misma, dotadas además de varias miles de plazas de aparcamientos? ¿Cómo se ha confiado todo en la construcción de más autopistas y carreteras y accesos y semáforos haciendo caso omiso a la experiencia de ciudades europeas y americanas? ¿Por qué se ha optado invariablemente por el asfalto, la improvisación y el parche? ¿Existe evidencia empírica de que el tranvía ha contribuido a descongestionar las calles santacruceras? Es misterioso. Tan misterioso como que solo ahora Santa Cruz se plantee limitar el acceso a la capital a los vehículos privados -una medida que, aplicada unilateralmente, supone apenas una cuchufleta impracticable- o que la opinión de los vecinos de La Gallega, opuesta a la ampliación de la línea de Metropolitano, sea tratada como la pataleta de un niño llorón e incordio. Igual lo que ocurre es que el Cabildo de Tenerife no plantifica tanto, sino que interviene demasiado.

www.alfonsogonzalezjerez.com

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine