Desde Garachico

Más anécdota que historia

06.10.2016 | 03:20

De la interesante -y triste- historia de Garachico conoce el lector muchas esquinas porque autores como Cioranescu, Tarquis, de la Rosa, Viera, Serra Ráfols, Torriani, Ruméu de Armas, Guimerá Peraza, Morales Padrón, Marco Dorta... nos las han contado con pelos y señales. Así que no voy a recaer en el intento de traerlas de nuevo a la actualidad. A la triste y poco grata actualidad. Hacerlo con simples anécdotas me parece más adecuado. Y como en los libros de actas de mi Ayuntamiento me he encontrado más de una y más de diez, voy a ofrecerles la que podríamos titular Sidra, cerveza y elecciones. Vamos a verla:

El día 29 de marzo de 1933 celebró pleno el Consistorio garachiquense bajo la presidencia de su titular, don Antonio González Velázquez. Hubo varios temas a tratar, pero a mí, cansado ya de extremos dramáticos y excesivamente trascendentes, me da por elegir uno que me ha hecho algo de gracia (¿).

Ocurrió que un comerciante de la localidad, don Manuel Fleytas Sancho, presentó a los ediles dos facturas cuyos importes pretendía cobrar cuanto antes, no sólo porque sus caudales habían menguado considerablemente, sino porque el contenido de lo escrito en ellas le hacía pensar en soluciones complicadas y poco coherentes. O sea, un tanto conflictivas. Creía el señor Fleytas que alguien -vayan ustedes a saber quién- pretendía meter gato por liebre.

La primera de las facturas importaba la suma de veintiséis pesetas y diez céntimos, pero el problema (don Manuel lo llamaba problema) no radicaba en el importe sino en el contenido que la factura presentaba a los ediles. Se decía allí: "Por cerveza y sidra servidas el 20 de mayo de 1931 (¡dos años para cobrar!) para obsequiar a los oradores que tomaron parte en un mitin de propaganda electoral para concejales, celebrado en dicha fecha".

Aunque la segunda factura tenía un contenido menos conflictivo, su importe era más elevado: ciento cinco pesetas. Se había empleado tal cantidad en desayunos y almuerzos que el señor Fleytas había servido a tres mesas electorales que se habían montado para celebrar las correspondientes elecciones a juez municipal "efectuadas en diciembre último". El señor alcalde y sus compañeros de corporación leyeron, comentaron, se asustaron y decidieron resolver el enojoso problema de este modo: "No satisfacer el importe de la primera de las referidas cuentas por cuanto el gasto que en la misma se alude no puede considerarse como de carácter municipal; y con respecto a la segunda, que se pidan detalles del número de desayunos y almuerzos que se sirvieron a los señores que componían las mencionadas mesas electorales".

Uno se alegra muy sinceramente de que los mitineros, además de beber sidra y cerveza, no hubieran llegado a exigir que se les sirvieran también unas tapitas de anchoas, aceitunas, tortilla española...

Creo, además, que ha quedado a baja altura el viejo refrán que dice "Cualquier tiempo pasado fue mejor". En cambio, sí queda bien aquí aquel otro que nos habla de que "En todas partes cuecen habas". Y también aquel de "No hay nada nuevo bajo el sol". Tres refranes, tres interpretaciones y una sola conclusión: parece que hay cargos que empujan a la gente a dejar de ser lo que eran.

¿Ustedes qué opinan?

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