Tribuna abierta

Actualidad nacional e internacional

02.10.2016 | 02:41

Se están sucediendo en estos últimos días acontecimientos de gran transcendencia nacional e internacional, y da la impresión de que la vida, que nos ha tocado vivir, se acelera de modo insólito.

Efectivamente, tanto en nuestro país con el resultado electoral del pasado domingo 25 de septiembre, de las elecciones autonómicas gallegas y vascas, se ha visto claramente -lo que era previsible según todas las encuestas, pero que muchas veces fallan- que el Partido Popular una vez más -y a pesar de la denodada y destructiva crítica de todos los demás partidos y gran parte de los medios de comunicación que ven en él y su líder Sr. Rajoy, enemigo público número uno a batir- ha arrasado nuevamente, incluso superando en votos y porcentaje su candidato Núñez Feijóo, las elecciones anteriores con 41 diputados y más del 45'5% de voto efectivo, relegando el Partido Socialista al tercer lugar, por debajo de las mareas de la coalición de Podemos; mientras que en el País Vasco ha aumentado en escaños y porcentaje de votos el clásico y más antiguo partido de España, el Nacionalista Vasco, con su candidato Urkullu, que ha obtenido 29 escaños, una mayoría muy significativa, a 9 escaños de la mayoría absoluta que se los puede dar el Partido Socialista, al parecer, o el Partido Popular, que ya ha mantenido en esta Comunidad foral el tipo con su candidato Alfonso Alonso.

Y lo que ha quedado fuera de toda polémica como verdad inconcusa a través del voto de ambas autonomías, es la derrota sin paliativos del centenario Partido Socialista, presidido, hasta ahora, por el inefable Pedro Sánchez y Pérez-Castejón (que parece ocultar su segundo apellido nobiliario) y que viene dando muestras permanentes de que no está en la realidad socio-política de nuestra país, causando un gravísimo daño no solo al Gobierno del Estado sino a toda España con su abyecta y ciega política de avestruz de no reconocer la realidad de su propio pueblo al que está dañando gravísimamente, no solo nacional sino internacionalmente y como miembro de la Unión Europea y de la Zona Euro, pues se están perdiendo sistemáticamente subvenciones e inversiones de ésta en España, bajando las inversiones foráneas y propias y por consiguiente aumentando el paro, todo ello en beneficio de su acerba política de mantenerse en el no rotundo a la investidura por un odio ancestral al Partido Popular, y muy particularmente al presidente Rajoy, al que quiere desbancar y anular para siempre en base a un discurso que nadie se cree, ni su propio partido, de la regeneración de la política, no viendo la viga en el propio ojo con el escándalo últimamente agravado, entre otros de los ERE de Andalucía, la oposición de todos sus barones, la pérdida del Gobierno de Castilla la Mancha, al quitarle el apoyo el partido de Iglesias y destrozando en última instancia no sólo a su propio partido, sino lo que es más grave, los propios intereses de la Nación.

Y ahora propone, con una cara de cemento armado un Congreso para elegir secretario general, retardándolo para diciembre, cuando prácticamente todo su partido -y ahora más partido que nunca- clama por la dimisión inmediata y veremos hasta cuándo resiste este secretario general en aras de una soberbia verdaderamente diabólica y enfermiza.

Y el otro acontecimiento mundial, porque en realidad afecta directamente a Colombia, pero indirectamente a toda Iberoamérica y al terrorismo internacional, es la conclusión de las negociaciones de paz celebrado en Cartagena de Indias, la más bella ciudad de todo el continente, que recuerda mucho a las ciudades canarias, la firma de la paz con la guerrilla de la FARC, después de más de 52 años de conflicto aunado, más de ocho millones de víctimas, más de doscientos veintidós mil muertos y decenas de miles de desplazados y huidos, cuyas negociaciones tuvieron lugar (extrañamente) en un país aplastado por la dictadura castrista, La Habana, Cuba, y a cuya firma asistió el Rey emérito, Juan Carlos; el expresidente Felipe González; el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon; y responsables de otros organismos multilaterales, junto con el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y previa homilía oficiada por el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, el 26 de septiembre de 2016, que será una fecha histórica para la humanidad.

Lo único que desentonaba es la asistencia obligada del dictador genocida cubano Raúl Castro, y también el discurso del líder de la guerrilla, el coronel Rodrigo Londoño, alias Timochenko, que dijo más o menos textualmente "? perdón por el daño que hayamos podido causar?"; tras el inmenso genocidio consumado, equiparando el ejército colombiano con la guerrilla. ¡Algo inédito en la historia moderna!

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine