Meter la pata o meter la mano

25.09.2016 | 05:14

La incorporación de sistemas robotizados a las grandes líneas de producción industrial hizo capaz al ser humano de fabricar miles y miles de piezas que se ensamblaban de forma automática en millones de productos todos exactamente iguales unos a otros. Eso permitió abaratar los precios de esos productos e inundar los mercados y supuso un impacto en el mercado de trabajo. Pero las personas no somos el producto de una cadena de montaje. No somos exactamente iguales unos a otros, ni nos comportamos de la misma forma. Gracias a esa maravillosa diferencia los arquitectos construyen casas distintas a las de sus antecesores o los ingenieros desafían las reglas heredadas inventando el uso de nuevos materiales y nuevas formas, como hacen los artistas plásticos o los filósofos o, en general, cualquier persona que desea crear.

La manera de hacer política está también en estrecha relación con el carácter de las personas que un día deciden dedicar unos años de su vida a servir a los demás conciudadanos. Vivimos tiempos extremadamente duros, en donde la gente, que lo ha pasado muy mal, se vuelve especialmente exigente con quienes administramos el bien común. Soy consciente de eso. Tanto que con ese telón de fondo tuve que tomar, hace unos días, algunas decisiones muy duras. Decisiones que afectaban a personas que trabajaron para el Cabildo y para esta isla durante muchísimos años y que implicaban prescindir de sus servicios por lo que hemos considerado un grave fallo de gestión.

El caso descubierto en la gestión de Sinpromi nos puso en estado de alerta. La estructura orgánica del Cabildo requiere necesariamente de un cierto grado de autonomía y descentralización de empresas y organismos a través de los que se ejecutan nuestras políticas. Encontrarnos con que en una de esas actividades teníamos una manzana podrida, capaz de apropiarse de dinero público, fue un descubrimiento alarmante. Mucho más porque habíamos realizado controles internos y auditorías anuales que no fueron capaces de detectarlo. Por eso decidimos realizar controles aún más duros y exigentes capaces de hurgar hasta lo más profundo en todos los rincones y todas las actividades del Cabildo. Y por eso hemos detectado este nuevo caso, afortunadamente de una cuantía inferior, antes de que el paso de los años lo convirtiera en algo mucho peor.

Tenemos una enfermedad en una rama, no en las raíces. Pero no es un asunto menor. Y en el equipo de gobierno Cabildo hemos decidido actuar con una velocidad y una contundencia ejemplar. Actuar, por supuesto, contra los presuntos delincuentes, poniéndolos a disposición de la Justicia. Pero también hemos decidido actuar dentro del ámbito de la responsabilidad de la gestión fallida. El cese de un responsable de un área u organismo de la corporación insular no es más que la consecuencia inevitable de haber fallado en el control de la gestión de la estructura del personal a su cargo.

Cuando los políticos nos equivocamos el plenario de los ciudadanos, reunidos en la junta general del día de las elecciones, nos pone o en el gobierno o en la calle. Nos da su confianza o nos la quita. Eso no significa que quienes estén en la oposición sean peores que quienes tienen el gobierno, que sean menos honestos o menos preparados. Simplemente no contaron con la confianza mayoritaria de la gente. Debemos acostumbrarnos a que las acciones tienen su consecuencia y las inacciones también. Tras lo sucedido en Sinpromi nuestra reacción fue aceptar el cese inmediato del gerente, reorganizar el consejo de administración y aceptar el posterior cese de la consejera delegada. Otros habrían actuado de distinta manera, seguramente, pero el compromiso de este equipo con la transparencia es absoluto. Son nuevos tiempos, nuevas formas de pensar y nuevas exigencias.

Tal vez estemos equivocados, pero creemos firmemente que a los ciudadanos y empresas les cuesta muchísimo esfuerzo pagar los impuestos que administramos en las corporaciones públicas. Y que nos exigen la máxima transparencia y la mayor responsabilidad en administrar lo que tanto les ha costado darnos. Cada época tuvo su manera de hacer y de entender la vida pública y somos conscientes de que antes de nosotros mucha gente dejó su impronta y su enorme aportación en este Cabildo. Pero somos hijos del tiempo que vivimos. Y el nuestro ha sido el de la gran crisis, el de una sociedad indignada por los escándalos políticos que afectan a su dinero y al bienestar de sus hijos. No ver esa realidad es estar ciego. Cualquiera puede equivocarse. Cualquiera de nosotros, cualquier día, puede meter la pata. Es lo normal. Pero una cosa es meter la pata y otra meter la mano. En ese terreno el actual equipo de gobierno del Cabildo de Tenerife y creo que toda la corporación en su conjunto, pretende aplicar un código de conducta ejemplar y rigurosa. Eso supone tomar decisiones inmediatas y contundentes que afectan a quienes han fallado en su honradez, pero también a aquellos responsables directos de controlarles. Tener las mayores responsabilidades consiste también en asumir las mayores consecuencias. Así es como hacemos nosotros las cosas aquí y ahora.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine