Tribuna abierta

Alba Torrens, la hija del marmolista

23.08.2016 | 01:51
Alba Torrens, la hija del marmolista

Binissalem es un pequeño pueblo de 8.000 habitantes, donde el psiquiatra y controvertido escritor Llorenç Villalonga residió en los meses de verano y durante la Guerra Civil, en Can Sabater, una gran casa señorial. Allí recreó el mundo de sus novelas: Bearn, sobre el declive de la aristocracia rural, y Mort de Dama, a propósito de la vida de la alta sociedad mallorquina de los años veinte.

En la capital del Raiguer nació -en 1989- Alba Torrens, alero de la selección española de baloncesto, que ha vuelto a dar a sus vecinos la enésima alegría. Ella ha sido la encargada de liderar (máxima anotadora con 18 puntos) a la magnífica selección en su conquista de la medalla de plata en los Juegos de Río, frente a la potente selección americana. Situado en el en el centro de Mallorca, Binissalem es un municipio conocido por su producción vinícola (con denominación de origen) y su pasado zapatero, hasta que la crisis acabó con la industria del calzado.

La primera vez que puse los pies en la antigua Robines (su primer nombre) me quedé extasiado ante la belleza de sus mansiones, su majestuosa iglesia y sus tesoros escondidos. A pocos kilómetros de Palma, Binissalem me recordó a los pueblos de la Toscana. El brillante pasado que se adivinaba detrás de aquellas magníficas construcciones no admitía mucho margen de duda.

Alba procede de una familia de marmolistas, los hermanos Torrens Pons, con una tradición de 45 años en la transformación de la piedra (granitos, mármoles, marés, calizas y areniscas) para la fabricación de chimeneas, cocinas, baños y panteones.

La mejor jugadora europea (del momento) iba para futbolista, siguiendo los pasos de su padre, Miguel Ángel, que jugaba en Tercera División en el equipo del pueblo y al que iba a ver jugar cada domingo. Pero su iniciada vida de deportista cambió de rumbo cuando su profesor de Educación Física, a la vista de su estatura, le propuso fichar por el Club Inca. Su primera respuesta fue: No. Yo quiero jugar a fútbol. Tenía siete años.

Sus 1,92 metros de altura le conceden una personalidad imponente sobre la pista. A su aire espigado y filiforme, se suma la velocidad, inteligencia y fantasía de su juego, lo que pronto ha llevado a las comparaciones -a las que somos tan dados- con Ricky Rubio, el base de El Masnou, por la manera de crear magia sobre la pista.

Ambiciosa, impaciente, autocritica, buena gente, generosa y versátil (puede jugar en todas las posiciones exteriores) Torrens tiene un desparpajo poco común. Del tamaño de su sonrisa. Y es que ella "vive como juega", según sus amigos. Su fortaleza mental fue clave para superar una lesión gravísima jugando en el Galatasaray turco (rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha), de la que la operó el doctor Cugat en la Quirón de Barcelona.

Sobre su forma de ser y estar en la cancha, un ex seleccionador español apuntilla: "No es fácil encontrar muchas grandes jugadoras con su forma de ser, humildad, capacidad de trabajo y con esa sonrisa que hace que todo lo que hace parezca más fácil de lo que realmente es".

Precoz en el éxito deportivo (a sus 26 años, ha sido elegida por segunda vez en su carrera la mejor jugadora europea del año), lleva fuera de casa desde los 14 años, cuando la llamaron para jugar en el equipo barcelonés Siglo XXI. Torrens no lo dudó: "A lo mejor dudaron más mis padres que yo, para mí el baloncesto es mi pasión y siempre me ha ayudado a tomar las decisiones".

Más tarde, el consejo de su padre fue definitivo para tomar decisiones a lo largo de su carrera: "Si no lo intentas, nunca lo sabrás". Y es que Alba Torrens es el molde de una familia ejemplar "sus padres, sensatos y cercanos, cuando los conoces entiendes por qué es tan buena jugadora como persona, aunque yo, si fuera su madre, le diría que comiera más: ¡que está en los huesos!".

Cuando alguna vez le han preguntado si le gustaría un día jugar en la WNBA, Alba Torrens no ha dudado en responder con valores, que desde pequeña le han inculcado María y Miguel Ángel, sus padres: "como jugadora me haría mucha ilusión poder vivir esa experiencia. Pero es complicado combinarlo todo y mi prioridad es la selección. Ponerte la camiseta de la selección y representar a tu país es un orgullo al que no es fácil renunciar".

Idéntica fibra a la de sus compañeros en los Juegos Olímpicos, el manacorí Rafa Nadal y Pau Gasol, con el que le empiezan a equiparar.

A finales de la década de los ochenta conocí a Miguel Ángel Torrens en Alaró. Desde entonces he sido feligrés privilegiado de la calidad de las piedras de Binissalem apomazadas, del cálido marés egipcio apunchonado?Pero por encima de todo, también he sido testigo de valores, como la seriedad y el cumplimiento, que tanto hemos apreciado. No es, pues, extraño que la hija sea de oro, aunque esta vez se haya quedado en puertas de subir al podio para escuchar el himno español.

"Alba ¿en la vida también te gusta jugar al contragolpe y con descaro? ¡Qué va! Engaño un poco... Fuera de la cancha no soy tan atrevida. No me parezco en nada". Ella está hecha de otra piedra.

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