Retiro lo escrito

Ahorrarnos la vergüenza

26.07.2016 | 03:57
Ahorrarnos la vergüenza

S iempre sospeché que si el Festival de Música de Canarias se consiguió transformar, desde su fundación a mediados de los años ochenta, en el único proyecto cultural que ha conseguido sobrevivir en esta malhadada autonomía es porque estuvo a cargo durante casi sus primeros 20 años del singular talento y el sólido gusto de Rafael Nebot. Ciertamente Nebot terminó ejerciendo una suerte de mandarinazgo incontestable y un tanto agorafóbico pero, créanme ustedes, sin ese aislamiento, sin el temor que infundía una personalidad como la de Nebot y el respeto que producían la solvencia de su criterio y sus dotes organizativas, sin el espléndido aislamiento que vivió el Festival de Música durante esa prolongada y fructífera etapa, en fin, el producto no hubiera madurado y, muy probablemente, no hubiera siquiera sobrevivido. Recuerden ustedes los ilustrísimos pelafustanes, malas bestias unguladas y sordos irremediables que -con excepciones- pulularon por la política cultural canaria en esos 20 años y llegarán a la misma conclusión.

Pero se marchó Nebot y a los tres años estalló este cambio de modelo económico y de relaciones políticas y laborales que llamamos tramposamente crisis, y los sucesivos gobiernos autonómicos, todos comandados por presidentes coalicioneros, no entendieron jamás que el Festival de Música de Canarias es (debe ser) un objetivo político de máximo nivel, no un problema financiero que hay que soportar como una cruz presupuestaria año tras año. A pesar de una tímida probatura con Telefónica, no se consiguió encontrar patrocinadores privados estables, y si no se consiguió, fue, sencillamente, porque no se intentó de veras: consejeros, viceconsejeros, directores generales, asesores y asimilados bailaban la danza de la lluvia cuando el presidente del Gobierno llamaba desesperadamente a alguna gran organización empresarial para solicitarle el compromiso de algunos cuartos. Siempre se ha dicho que el Festival de Música de Canarias era muy caro, pero muchísimo más oneroso resulta, en términos de economía social, mantener todo ese divertido montaje que se llama Cultura en Red. Lo peor no es que cada año se recortara el presupuesto del Festival de Música; lo peor que es cada vez se ponía al frente del proyecto a alguien con más discutibles credenciales profesionales y culturales, hasta llegar al día de hoy, en el que el actual responsable del Festival de Música propone incorporar a las orquestas municipales al programa y dejarse de tanto Mozart, Beethoven, Wagner o Berg, que aquí en la tierra hay mucho talento entre el mojo y la morera. Antes de que este sujeto, pisoteando la indiferencia de la consejera de Turismo y Cultura -ah, qué gran ocurrencia, y cómo se nota en esta feliz coyuntura- y de todo el Gobierno, arrastre al festival a una caricatura vergonzosa de sí mismo, es preferible que lo cierren. Por favor, chapen de una vez por todas. Ahórrennos la vergüenza.

www.alfonsogonzalezjerez.com

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