Tribuna abierta

Una enfermedad llamada yoísmo

19.07.2016 | 23:34

Conozco, desde hace más de treinta años, a un joven santacrucero llamado Natanael, a quien solo veo de San Juan a Corpus. Me entero ahora de que sus amigos lo llaman Yoyo, un nombre que en nada se aproxima al suyo propio porque se trata de dos sustantivos que se parecen entre sí como un hipopótamo a una mariposa. Pero acaban de aclarármelo. Parece ser que eso de Yoyo no se debe a que el bueno de Natanael sea aficionado a hacer que bailara aquel objeto tan de moda entonces y que estaba formado por dos trozos redondos de madera, paralelos, y entre los cuales había un hilo enrollado que lo hacía bailar. Lo que ocurre es que Natanael padece una enfermedad grave llamada yoísmo y que se manifiesta así: Yo construí esto, yo dirigí eso, yo fui quien dirigió aquello... Yo di la idea para...yo me encargué de construir... yo hice todo lo posible para que... O sea, yoísmo puro. Personas acostumbradas a adornarse con plumas ajenas para que los demás crean que son indispensables, imprescindibles, irreemplazables, insustituibles... Parece natural que sus amigos lo llamaran Yoyo.

Pero no es un caso único. Abundan los Yoyos entre los presentadores de televisión, escritores, cronistas... En Santa Cruz, por ejemplo, tienen la manía de parecerse muchas veces a las personas que sufren la enfermedad, sobre todo cuando se acerca y llega la época en que se celebra el aniversario de la victoria sobre Nelson. Y no lo digo porque se celebre, ni porque tal celebración sea por todo lo alto. Creo que el asunto lo merece. Con lo que no estoy conforme es con que se hable de victoria santacrucera, en lugar de llamarla victoria tinerfeña. Porque ya es tiempo de que ciertos santacruceros se den cuenta de que en nuestras tropas había milicias de La Laguna, Güímar, La Orotava, Los Realejos, Abona, Garachico y... Y que en ella murieron, entre otros, el icodense Domingo de León Padilla y el garachiquensse Rafael Fernández Vignoni, y varios soldados de Los Silos, Adeje, Buenavista, Puerto de la Cruz... Sin olvidar que fueron propuestos para ascender al grado de capitán los tenientes del batallón de Garachico Esteban Benítez de Lugo y Francisco Jorva, por su valiente y eficaz labor durante la gesta.

Y no puede olvidarse que el castillo principal estuvo dirigido por don José de Monteverde y Molina, nacido en Garachico y bautizado en su parroquia de santa Ana. Este personaje no solo destacó como militar, sino como escritor, pues fue el primer cronista que tuvo la idea de escribir un librito con pocas páginas pero que narra del modo más eficaz lo acontecido en la lucha y sus antecedentes. Y no se debe olvidar que el jefe militar de la zona de Daute alertó al general Gutiérrez, dos meses antes de que ocurrieran los acontecimientos, comunicándole que unos barcos, al parecer ingleses, habían pasado más de una vez y más de dos por las aguas de nuestra zona, lo que permitió al general Gutiérrez alertar a los suyos y ver el mejor modo de resolver la situación planteada.

Con todos estos antecedentes, no es de extrañar que a uno le resulte, por lo menos, extraño que haya tantos enfermos de yoísmo por la zona capitalina. No puedo incluir entre ellos a don Manuel Hermoso Rojas, a quien debemos que haya en Santa Cruz una calle que se llama Milicias de Garachico. Si las demás zonas no tienen una calle semejante, a tiempo están todavía los interesados para conseguirla. Mientras, mi amigo Natanael puede seguir llamándose Yoyo.

No creo que nadie se atreva a llamarme Yoyo a mí por escribir este artículo, tan favorable a mi Garachico.

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