Cine 'Infierno azul'

Sobre paraísos e infiernos

16.07.2016 | 01:43

El realizador español Jaume Collet Serra ha desarrollado su carrera profesional en la industria cinematográfica norteamericana y, más específicamente, en los géneros de terror y thriller. Por lo tanto, es innegable su preferencia por una clase de cine en la que es complicado destacar, ya que el uso de tópicos y estereotipos es moneda común. Debutó con la previsible e irregular La casa de cera (2005) y continuó por la misma senda con La huérfana (2009), hasta que inició una fructífera relación artística con el actor Liam Neeson, que le ha reportado sus mayores éxitos: Sin identidad (2011), Sin escalas (2014) y Una noche para sobrevivir (2015). Curiosamente este último título -en mi opinión, su mejor obra- es uno de los que peor resultado ha obtenido en taquilla, pese a que se percibe su esfuerzo por dotar a este film de una acusada originalidad y por otorgar a algún personaje una relevancia superior.

Ahora estrena Infierno azul, nueva apuesta por el cine de terror en su vertiente más animal, donde un tiburón se alza como el detonante de los momentos de tensión más destacados. El cineasta se enfrenta al difícil reto de plasmar en imágenes los niveles de intensidad y angustia que requiere una trama de estas características sin que le perjudiquen las comparaciones con otros similares largometrajes. Y es que el principal inconveniente estriba en apartar de la mente del público referencias tan obvias como el Tiburón de Steven Spielberg, dado que, en esa confrontación de proyectos, Infierno azul sale perdiendo claramente. En todo caso, y aunque cualquiera de sus eficaces escenas evoca otra del emblemático filme de los setenta, creo que Collet Serra ha decidido jugar este partido a sabiendas de que iba a resultar perdedor.

Una joven que parece estar huyendo de su vida decide surfear en una desconocida y paradisiaca playa perdida. En un momento dado, se percata de la presencia de un gigantesco tiburón blanco. Por suerte logra sobrevivir, pero queda atrapada en unos pequeños islotes. Aunque la distancia hasta la orilla no es muy grande, no parece sencillo escapar con el enorme animal vigilándola, de modo que tendrá que armarse de valor e ingenio y poner en práctica todos sus recursos para lograr su objetivo.

El largometraje cuenta a su favor con una atrayente estética visual, un idílico enclave, una chica atractiva y un metraje que no llega a los noventa minutos. Por contra, la trama central es muy poco original y recurre a mecanismos demasiado previsibles que el espectador ya espera antes de que aparezcan en pantalla. En esta clase de enfrentamientos entre escualos y humanos está todo inventado y, para colmo, las escasas opciones de innovar o de aportar profundidad a los personajes quedan desechadas. Lo determinante es la lucha entre el devorador y su suculento trofeo pero, por desgracia, ya está muy vista.

Blake Lively es la protagonista y casi única interviniente de la cinta. Famosa gracias a su participación en la serie de televisión Gossip Girl, cuenta en su filmografía con pequeñas apariciones en algunos títulos interesantes como The Town: ciudad de ladrones o New York, I Love You, además de haber intervenido en Salvajes de Oliver Stone e interpretado el papel principal de El secreto de Adaline, película tan recomendable como injustamente valorada. El mes próximo retornará a las carteleras con el último trabajo de Woody Allen, Café Society. Sin duda, posee aptitudes para convertirse en una buena actriz. Le acompaña brevemente el actor español Óscar Jaenada (Camarón, Cantinflas).

www.cineenpantallagrande.blogspot.com

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