Zigurat

Cultivar la desazón

16.07.2016 | 02:16
Cultivar la desazón

Transcurre el tiempo a la vez que crece geométricamente la desazón. Mientras, el Estado español continúa, hoy por hoy, "dirigido" por un ultradeteriorado gobierno, pero en pésimas funciones, o sea, una resta que cada vez deriva al menos y nunca a una ilusionante suma. Un gobierno inmovilizado, por activa y por pasiva, el mismo que trata de imitar la obsesa necedad de Sísifo. Quizá sea uno de los nudos de la lamentable herencia de la tiránica condena que supuso el "todo está atado y bien atado", pero en evidente detrimento de un horizonte democrático que se deseaba plenamente; la atadura se asemeja más a una venenosa calumnia, como irreversiblemente lo es siempre toda autoletal calumnia, que ha tratado y trata de impedir avanzar y profundizar en un régimen auténticamente democrático. Hasta ahora, tras las primeras elecciones simples y formalmente democráticas, celebradas en junio de 1977, en el Estado español ha campado un régimen puramente parlamentario, nada más que parlamentario, sin otro ánimo, y en el cual ha predominado los consabidos intereses de una desastrosa clase política que ha competido en vanos y mediocres ejercicios de demagógica y nula oratoria, salvo contadas excepciones. También el convenido consenso en lograr la actual Constitución española no ha sido -en buena parte- más que la suma teórica de pretensiones irrealizadas, intentar crear caminos que en absoluto conducen a un final deseado. Y las elecciones acaecidas en diciembre de 2015 y las celebradas en junio del presente año, han puesto de manifiesto la humillante arrogancia de la mediocridad y la vergonzosa y manifiesta ambición partidista, que no es más que el ultrapírrico triunfo del necio personalismo.

Son siete ya los meses de un pésimo gobierno en funciones, además del todo más que nefasto, el mismo que pretende establecer diálogos encima de la permanente llama de vacuos intereses partidistas, también la búsqueda de alianzas imposibles, por no decir que delirantes dada su misma naturaleza inconciliable por evidentísimas razones político-ideológicas. Ha primado muchísimo la ambición sectaria, nunca las razones que justamente merece la ciudadanía que cada vez más va siendo una masa escéptica o decepcionada. En tal sentido, innecesario mencionar siglas, y es que el resultado hasta ahora obtenido demuestra otro abismo más.

Mientras tanto se procede a inflar las políticas de empleo, merced a astucias estadísticas, y se pone junto a otro abismo la política financiera de las pensiones. Por otra parte, el problema de las autonomías y el acecho de cuestiones nacionalitarias, por ahora presentes en el Estado español. Como remate, la cobarde y humillante situación a la que se condena la juventud. Restar a una suma que ya de por sí se autoinmola resulta hacer oposiciones al abismo.

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