Tribuna abierta

Brevísima historia de la filosofía

14.07.2016 | 04:19
Brevísima historia de la filosofía
Brevísima historia de la filosofía

Juanma, hoy jubilado, fue mi profesor de filosofía. Recuerdo que Juanma nos explicó el nacimiento de la filosofía como una cosa de marineros. De pronto, en los puertos de Anatolia, junto a las mercancías del mundo conocido que llegaban para entrar en las rutas comerciales terrestres, comenzaron a desfilar pensamientos extraños, cálculos insólitos, dioses inimaginables. La gente se preguntó cómo era posible que existieran pueblos con dioses, cálculos y conceptos diferentes. ¿Cómo podía ser que para un único mundo cada pueblo pensara en una cosmogonía distinta? ¿Quién poseía la verdad? De esta forma, los hombres de Anatolia, que eran muy prácticos y sabían que la tensión de los velámenes es más importante que las ofrendas al señor de los mares, se propusieron elaborar métodos que se situaran en una forma de pensar el mundo que pudiera ser empleada en cualquier sitio. Desde entonces, dicen, se emancipó el mitos del logos y los presocráticos, que no sabían que eran presocráticos, se adentraron en un mundo nuevo de preguntas y respuestas sin mitos y, poco a poco, emergió el sentido del ser humano desde el ser humano. Pasaron siglos, cayeron imperios, fabricamos bombillas y se inventó Internet. Mientras, el sentido del hombre desde el hombre fue variando. Unos dijeron que tenía alma, otros que tenía gracia, otros que no tenía nada. Cada cual creaba su sistema filosófico más o menos coherente, farragoso, disparatado. La filosofía, cuando la humanidad empezó a reclamar Humanidad, formuló políticas, derechos, pedagogías, etc. Hoy casi todo el mundo la considera como un armatoste polvoriento que no da trabajo. Las calles, cuando ven filosofía, se ríen de ella, bostezan mucho, la maltratan. Los padres disuaden al niño que lee y piensa para que se centre en algo técnico que suene a máquina, I+D, administración pública. Desde que la dictadura de la mediocridad implantó la caza de brujas para el empollón y persiguió a inteligentes, lúcidos y artistas como elementos vergonzantes de la clase, la sociedad española mira hacia la tele mientras jóvenes platones y sartres se suicidan antes de los catorce. Así, mientras las universidades se distancian del conocimiento y se transforman en viveros para empresas y las empresas tiran de becarios en lugar de plantilla dignamente remunerada, la filosofía, que no da vida pero prepara para la muerte, no sabe qué hacer para ganarse el pan. La Logse y sus hermanas, hechas para rendir pleitesía al sector servicios y a la especialización técnica, no dudaron en manipular temarios y menoscabar contenidos, arrumbando a un tipo como Marx, un loco como Nietzsche o un idealista como Kant al polvo de lo que no llama la atención porque es difícil. Quizás algún día futuro, alguien, en un instituto de McDonald´s, La Caixa o Carrefour, tendrá que explicar el fin de la filosofía como una cosa que murió sola, desatendida, pobre.

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