Tribuna abierta

La Ilusión lo es todo

10.07.2016 | 23:44

La ilusión llena y da vida al corazón. Y aunque nuestra percepción sea engañosa y en ocasiones irreal, la vivimos como algo verídico. Nos parece tan cierta como las ilusiones que engañan a nuestros sentidos, como los espejismos o los olores que evocan sensaciones. Y, sin embargo, sabiendo esto, una y otra vez buscamos y propiciamos la búsqueda de una ilusión en nuestras vidas.

Buscamos ilusiones que llenen vacíos, que nos impulsen a emprender nuevos caminos o a continuar con los elegidos. Ilusiones que

podamos aceptar y racionalizar para así poder transformarlas en esperanzas, pues es la esperanza misma la que nos da la motivación para seguir afrontando nuestras rutinas.

Tener ilusión es tener un proyecto, un motor, un empuje. Tener un proyecto de vida es tener esperanza en el futuro. Así, nos regocijamos y disfrutamos con la ilusión de los niños, empapándonos de su gozo a ver si algo de eso se queda pegado en nuestra piel. Los niños tienen todo un futuro por delante y éste está lleno de páginas en blanco aún por escribir. Páginas que contaran las vivencias de sus ilusiones llevadas a término a lo largo de sus vidas. Y así amenizan sus días entretejiéndolos con hilos de experiencias, sentimientos y sucesos que irán poco a poco relatando su historia.

Y, aunque no siempre se hacen realidad nuestros deseos, continuamos generando nuevos sueños que nos hagan sonreír y alegrar nuestros días. Y así, nos deleitamos en la elaboración de los detalles. Disfrutando de los posibles momentos venideros que seguimos trazando e inventando y al tiempo, creando con mimo y esmero aquello que ideamos y pensamos que nos haría más plenos y felices.

A veces, también nos parece que nuestras ilusiones pierden fuerza con la edad. Tal vez sea por el desgaste que dejan las huellas de desilusiones pasadas, pero la madurez nos permite cultivar una ilusión serena, capaz de llevar a buen puerto nuestra felicidad. De hecho, sería un error dejarnos invadir por el desánimo. Sin ilusión nos convertimos en personas insulsas e infelices. Su ausencia nos produce sentimientos de vacío, de insatisfacción constante e incluso depresión o desidia existencial.

El secreto está en generar espacios abiertos al futuro, proyectar en el futuro para movilizar el presente. Enlazar nuestras ilusiones con nuestros deseos, ya que podemos desear en realidad, todo. Lo posible y lo imposible. Y el deseo envuelve a la ilusión con fuerza y la hace fuente de inspiración y productividad.

Sartre (1905-1980) decía que "No existe realidad alguna excepto en la acción".

Siendo pues la acción la mejor opción para el cumplimiento de nuestros deseos, se hace ésta inevitablemente necesaria para materializar nuestros sueños en realidades, alejándolos de fantasías sin sentido o distorsiones que pudieran empañar nuestros objetivos y propósitos y así, poder convertirlos en algo tangible y sustancial. No hay temor en la acción. No hay miedo en la ambición del pensamiento. Tan solo, animosa y osadamente: ilusionemos nuestras vidas.

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