Cien líneas

Hacia el paraíso mediático

10.07.2016 | 03:52
Hacia el paraíso mediático
Hacia el paraíso mediático

L as polémicas, sobre todo las que se enredan y enredan como mallas de pesca mal dispuestas, terminan cuando los hechos hablan. Así que, ya que la disputa entre vegetales y digitales sigue viva, hay que suponer que los acontecimientos aún no han dicho la última palabra aunque, vaya por delante, a mí me parece que esa voz postrera será de pura extrema unción.

Ahí está, verbigracia, Andrew Keen, director del Salón de Innovación de Silicon Valley, con sus declaraciones recién publicadas en España. "Soy colaborador de The Guardian" ha dicho "y he sufrido el fracaso de un modelo de regalar excelente contenido periodístico a cambio de publicidad barata. No sé cuál será el nuevo modelo de negocio editorial, pero será de pago o no será".

Considera que lo peor ha pasado así que "la cultura del todo gratis en la red está cambiando y solo va a ser gratis lo que no valga nada. Y el hartazgo digital potencia lo presencial, lo directo, lo próximo, lo auténtico".

Ya en plan filosófico ha indicado asimismo que "vimos el paso del átomo" del papel "al bite y ahora el bite volverá al átomo".

Empezando por el final, tiene incluso gracia que considere el papel como algo material frente al grácil cuanto de información electrónica. Pero, dejémoslo así, a fin de cuentas ese morbo es lo de menos. Sí cuenta, y mucho, que las jeremiadas vegetales recuerdan a los gestos desesperados de los tardo taxistas, empeñados en defender sus trincheras frente a Uber y similares.

Vamos a ver, señor mío. En la red todo es gratis o lo parece. Wikipedia, ante la que yo, a veces, incluso me pongo de rodillas para consultarla -es una maravilla de orden casi sobrenatural- no me cuesta ni un céntimo. Y qué decir de Google, que definitivamente pertenece al reino de los cielos -mil veces más allá de la famosa nube- por quien no desembolso nada. José María Álvarez-Pallete, ahora presidente nada menos que de Telefónica, dijo en su momento, reflexionando sobre estas cosas, que si algo no te cuesta nada es que tú eres el producto. Vamos que los buscadores, las redes sociales y demás seres de la nueva galaxia hacen sus negocios y obtienen, en algunos casos, unos ingresos fabulosos pero solo porque se las ingenian y van más allá de poner precio a sus productos como se le ponen grapas a las vacas en las nobles orejas y así saber con facilidad de dónde vienen y a dónde van.

Tiene razón nuestro ilustre corresponsal al decir que cuenta crecientemente "lo presencial, lo directo, lo próximo, lo auténtico" pero ¿de dónde saca que las fibras de celulosa satinada son más inmediatas, directas, cercanas y auténticas que los píxeles luminarios de una pantalla?

Si Pepe Pótamo dispensa sin contraprestación su producto de alguna forma se resarcirá salvo que milite en una ONG samaritana. Pues eso, hay que averiguar la fuente de sus ingresos y si la falta de imaginación es extrema, como parece, copiarlo. Exclamar que el universo de la comunicación se va por el sumidero de los cambios si no hay alguien que pague por lo que hago es patético.

A mi juicio, el debate de marras que, como dije, camina aceleradamente hacia los santos óleos, está amañado porque llamar a las cosas por su nombre no es fácil. Mejor dicho, puede ser peligrosísimo.

Dicho en plata, la gigantesca escuadra del sistema mediático flota -incluso aún avanza algo- en el amable océano del monopolio. Tal es la gran cuestión que jamás se nombra. Pero ese inmenso mar, ay, se está secando.

La revolución tecnológica y la revolución social paralela -a saber cuál es el huevo y quién la gallina- desbordan todo lo visto hasta ahora, especialmente en los últimos setenta años si se trata, como se trata, del mundo de la comunicación. Como ha dicho no recuerdo ya quién, los medios de comunicación de masas mueren sin remedio, en cualquier soporte, formato o zarandaja, porque las masas se han esfumado. Sí, amigo Keen, "lo presencial, lo directo, lo próximo, lo auténtico" eso es lo que cuenta. La distinción entre fondo y forma, contenido y formado y demás dualismos escolásticos a estas alturas no es ni siquiera académica. Y predicar la vuelta a un mundo que ya no existe es de pura carcajada. Excuso darles mi opinión sobre el hecho terminal de ponerse a ventear reales de vellón en semejantes circunstancias.

Los nuevos medios de comunicación están experimentando un despegue como jamás se había producido. El salto que significó en su día la imprenta es apenas una broma simpática al lado de lo que estamos viviendo. El río del futuro corre ya con una velocidad y caudal tremendos. Para beneficiarse de su fuerza solo hacen falta libertad de ideas -eso que los torpes llaman innovación- y de ejercicio. Los euros se nos darán por añadidura.

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