La Ley de la 'Transgenerosidad'

08.07.2016 | 03:15
La Ley de la 'Transgenerosidad'
La Ley de la 'Transgenerosidad'

E l pasado 1 de julio, el pleno del Cabildo de Gran Canaria aprobó, por unanimidad, solicitar al Gobierno canario y al estatal la modificación de las leyes que sostienen la patologización de la identidad de género para que dejen de considerar la transexualidad como un problema de salud mental.

Lo primero que me vino a la mente tras leer la buena noticia es lo paradójico que resulta el concepto de 'problema de salud mental' en este caso, puesto que es precisamente la exclusión social y la intolerancia a la diferencia lo que provoca que muchas personas, víctimas de la incomprensión (incluso crueldad) de su entorno, terminen sufriendo trastornos psicológicos e incluso mentales. Mientras tanto, por otro lado, la intolerancia, la crueldad y otras psicopatologías sociales? se pasean tranquilamente por la calle "sin medicación".

El año pasado, tuve la suerte de vivir de cerca la experiencia de Lola Rodríguez como candidata a Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. "Me llamo Lola, tengo 16 años y soy una chica transexual". Con esta rotunda frase rompía el silencio esta adolescente canaria en la rueda de prensa en la que se presentaba su candidatura. Acto seguido, el titular 'Primera menor transexual candidata a Reina del Carnaval' se hizo eco en los medios de comunicación hasta la saciedad. En tan sólo unos días, reclamaron su presencia periódicos, revistas, emisoras de radio y canales de televisión convirtiéndola por un momento fugaz en protagonista de rabiosa actualidad. Y Lola, consciente del brillo efímero de los focos, aprovechó cada segundo para reivindicar con una naturalidad asombrosa que venía a dar la cara por todas las personas que son discriminadas en nuestra sociedad por el mero hecho de ser diferentes, de responder a patrones no convencionales o mayoritarios.

Lola pertenece a una nueva generación que viene a darnos de bofetadas hasta que nuestras conciencias, empeñadas en seguir dormitando en pleno siglo XXI, se decidan a despertar. Lejos de mostrar un estereotipo siliconado y estrafalario (del que tanto se han servido algunos medios para desacreditar a quien les convenga) en Lola vimos a una niña dulce, sonriente, sencilla, estudiante de bachillerato, aspirante a psicóloga y que, a pesar de su corta edad, se mostró muy capaz de poner en segundo plano las cuestiones relativas a su cuerpo que puedan ser objeto de morbosa curiosidad. Defendió su intimidad y dejó claro que venía a hablar de inclusión social y de respeto.

En toda esta vorágine mediática, observé que la mayoría de los medios de comunicación, en mitad de esta 'euforia trans', volvían a obviar su responsabilidad como educadores de la sociedad y, con la inmediatez por excusa? no respondieron a la primera pregunta de toda información periodística: el qué. Es decir? de qué estamos hablando exactamente cuando nos referimos a una persona transexual.

Buscando respuestas por cuenta propia, lo que encontré plantea un desafío para nuestras estructuras mentales, para nuestro sistema de creencias o paradigma a través del cual hemos visto hasta ahora al ser humano y a la propia Vida. Una persona transexual no es alguien que nace niño pero se siente niña? o al revés. Una persona transexual no se hace o 'se convierte' una vez nacida. Ya en el vientre materno, la naturaleza opta por desarrollar el cuerpo de un ser humano siguiendo los patrones de diseño de un género determinado (masculino o femenino) mientras que configura el cerebro siguiendo la plantilla del género opuesto. Entonces, nace un bebé con un cuerpo masculino y un cerebro femenino? o al revés. Una combinación fascinante. Preguntarse por qué la naturaleza decide hacer tal cosa es como preguntarse por qué naces con un determinado color de pelo o con un lunar en el muslo.

Es la propia Vida que simplemente se expresa en infinitas combinaciones para decirnos que somos maravillosamente complejos y que todavía nos quedan muchos misterios por desvelar acerca de nuestra propia naturaleza.

El injusto rechazo que estas personas han sufrido a lo largo de la historia ya no tiene sentido. Ya no tiene sentido que sigamos, al igual que en la Edad Media, condenando y quemando inocentes en la hoguera de las redes sociales. Ya no tiene sentido que sigamos sentenciando y condenando a la discriminación, en régimen de cadena perpetua, a personas inocentes cuyo único pecado es ser un desafío para nuestra inteligencia, ser piezas que no encajan en nuestro cómodo mundo 'prefabricado'.

Quien siga rasgándose las vestiduras ante la presencia de la diversidad, que tome asiento y un buen abanico, porque no llegan buenos tiempos para las mentes estrechas. No sopla el viento a favor de los corazones cerrados. Los avances en bioquímica, en psiconeurología o en epigenética, están aportando conclusiones sorprendentes acerca del ser humano y de la vida. Somos milagros en potencia, conciencias creadoras experimentando la increíble aventura de ser un humano.

La ley que urge aplicar es la de la TRANSgenerosidad. Así que bienvenida la TRANSgresión que TRANSmite un mensaje de TRANSformación.

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