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El guirigay psocialista

06.07.2016 | 02:00
El guirigay psocialista

L as buenas y las malas gentes del PSOE se obstinan en culpar a las bases del "error" de haber elegido en primarias a Pedro Sánchez para la secretaría general, y de la consulta previa a su designación como candidato a la presidencia del gobierno. Implícita o abiertamente, no han cesado de anticiparse a sus análisis, contradecirle o poner en duda la idoneidad de su liderazgo. Es asombrosa, por no decir obscena, la liviandad de lavarse la manos por los peores resultados históricos del partido en las elecciones de diciembre y de junio. En ambos casos han leído la cartilla a su candidato como chivo expiatorio del desgaste de las baronías, con veladas amenazas de reemplazo en el próximo comité federal.

Aún sin juzgar los valores de Sánchez, es evidente que ese guirigay ahuyenta el voto. A despecho de los resultados que no ponen a su exclusivo alcance la gestión de una mayoría absoluta, los otros tres partidos con opción de gobierno aparentan unidades monolíticas como si en ellos no hubiera tendencias y ambiciones encontradas. A Sánchez, sin embargo, le cuestionan los propios socialistas y tratan de imponerle los caldos de cerebro que cocinan como señores feudales exentos de toda responsabilidad en la pérdida de electores. De esta cínica actitud, tan a la vista, no pueden esperar "blindajes" personales, oportunidades de suplantación ni, mucho menos, una presidencia del gobierno que exige algo mejor y más constructivo. De hecho, todos han retrocedido en sus territorios, empezando por el andaluz. De los cinco escaños perdidos el 26J, dos lo fueron en el feudo de la señora Díaz.

También en otras fuerzas hubo conatos de achacar la fragmentación del voto a la ignorancia o el miedo de los votantes. Rectificaron de inmediato y asumieron los propios fallos antes de exponerse a que una tercera consulta agrave lo ya dictaminado en la primera y la segunda. En el PSOE, el más antiguo de todos pero no el más escarmentado, como se ve, pervive el ruido de sables en la retaguardia del candidato. Craso error, que empuja al partido a la oposición por desistir de la mayoría posible en escaños asociados y dar el primado a los votos emitidos. Y aún los hay que predican la ambigua abstención, tan difícil de entender e interpretar, en lugar del "no" puro y duro a la investidura. Lo pagarán caro.

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