Luz de luna

España: un país de derechas

06.07.2016 | 02:00
España: un país de derechas

E l resultado de las últimas elecciones generales viene a ratificar que España ha estado dominado históricamente por la derecha política y hunde sus raíces mucho antes del naciente Estado moderno, producto del matrimonio entre los Reyes Católicos, proyectándose a lo largo de los siglos a través de distintas formas de gobierno y de una sociedad basada en los desequilibrios y con una estructura piramidal en la que el poder está en manos de unos pocos, que a su vez concentran gran parte de la riqueza.

Las relaciones de vasallaje de la etapa feudal garantizaban que el señor controlaba un conjunto de tierras llamadas feudos, donde sus habitantes (siervos) las trabajaban y vivían en una situación de esclavitud, sometidos además a un exasperante régimen de rentas y tributos, del cual también se beneficiaban la Corona y la Iglesia. Por tanto, la tierra era el origen para detentar ese poder y esta premisa se prolongó hasta bien entrado el siglo XX.

Ese Estado moderno se articuló en la sociedad cerrada de los estamentos, que garantizaba que la nobleza y el clero no pagasen impuestos, a la par que poseían la mayoría de esa tierra y acaparaban los principales cargos políticos, y donde la monarquía la sustentaba un pueblo que continuaba grabado con infinidad de impuestos, con los cuales atender en parte a las guerras imperialistas.

El siglo XIX trajo el constitucionalismo a partir de las Cortes de Cádiz de 1812, pero votar quedó condicionado al género masculino y a diversas leyes electorales restrictivas hasta la aplicación del sufragio universal (también masculino), con una etapa conocida como la Restauración donde los partidos Liberal y Conservador se turnaban mediante elecciones amañadas, gracias al apoyo del rey y del voraz caciquismo. España se pudrió tanto que en la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) se impuso la Unión Patriótica, el partido único y monárquico como fórmula regenerativa, otra fórmula de dominio Estatal de la vida política.

La Segunda República supuso que las mujeres pudiesen ejercer por primera vez el derecho al voto, pero los defensores de la derecha se camuflaron en distintos partidos, mermando la democracia hasta que llegaron la Guerra Civil y la dictadura de Franco, esta última caracterizada por juicios sumarísimos y medidas que acabaron con las libertades, donde todo estaba prohibido para no contaminar nuestra idiosincrasia de salvadores de la religión cristiana. Franco puso en marcha el mecanismo electoral de los tercios, por el cual se obligaba a votar a unos candidatos que habían pasado previamente el filtro gubernamental, y España fue demócrata a regañadientes en forma de un sufragio indirecto y corporativo. De nuevo, se suprimieron los partidos políticos y se impuso el Movimiento Nacional como representante de los intereses del Estado, a la par que bendecimos la decisión de Franco de que Juan Carlos I le sucediese como Jefe del Estado, es decir, una monarquía impuesta y sufragada con dinero público, en una vuelta de tuerca a la Edad Moderna de los Austrias y los Borbones.

Entonces, llegó la Transición, creyendo que recuperábamos la democracia, pero unos cuantos negociaban por detrás la distribución del poder a través de una ley electoral discriminatoria, que garantizase un bipartidismo turnante como en el siglo XIX, y planificando un sistema económico para favorecer a banqueros y empresas, que forjaban nuevas fortunas

y cimentaban otras y de las cuales ellos se beneficiaban, mientras la sociedad se perpetuaba en su papel de esperar a las decisiones de otros.

Y ahora, en pleno siglo XXI, las derechas continúan asentándose por algo que siempre ha caracterizado la historia de este país: el miedo como instrumento de control del pueblo y la falta de valor para hacer una revolución que nos devuelva la libertad que realmente nunca hemos tenido.

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