Papel vegetal

Donde está el peligro, crece también lo que salva

05.07.2016 | 03:23
Donde está el peligro, crece también lo que salva

D onde está el peligro, crece también lo que salva", dejó escrito Hölderlin en su maravilloso poema Patmos.

Donde está la crisis puede estar también la salvación, diríamos ahora nosotros, parafraseando al gran poeta alemán, aunque, preciso es reconocerlo, sin demasiada convicción.

¿Sabrá extraer la Unión Europea de su hasta ahora crisis más profunda la lección que hace falta para reorientar y salvar así el proyecto común, que amenaza de otro modo con descarrilar?

¿Aprovecharán por su parte los británicos su propia crisis para olvidarse definitivamente de sus viejos sueños imperiales y darse cuenta de que su salvación, como parecen pensar también allí las jóvenes generaciones, es Europa: eso sí, una nueva Europa?

Europa debe sin duda reformarse y hacerlo con urgencia. De otro modo no podrá evitarse que el brexit deje de ser un hecho aislado y encuentre pronto imitadores en otros países.

En efecto hay ya quienes en Francia, en Holanda, en algunos países de la Europa del Este, pescadores en río revuelto, trabajan ya en esa dirección.

¿Comprenderán de una vez los líderes europeos que no pueden seguir gobernando como hasta ahora, que Europa no pueden seguir sin escuchar a la gente, haciendo sólo lo que conviene a los mercados.

¿Sabrán analizar las causas del creciente descontento ciudadano? Europa no puede seguir siendo sólo un proyecto en el que lo único que importa es el libre movimiento de capitales y los mercados

Europa tiene que cambiar de arriba abajo o de abajo arriba, como se prefiera, si es que se pretende que los ciudadanos se identifiquen con lo que parece ser hoy sólo un proyecto del gran capital.

La austeridad no puede ser esa camisa de fuerza que obliga a los países del Sur a seguir

recortando servicios y beneficios sociales al tiempo que les impide crecer y combatir un desempleo convertido ya en endémico.

No se puede seguir gobernando a espaldas de los pueblos, recurriendo, cuando hace falta, a medidas autoritarias para reprimir las protestas frente a los desahucios, los cierres de fábricas y otras secuelas de la crisis.

No se puede seguir precarizando y flexibilizando cada vez más el trabajo, disfrazando a los trabajadores de autónomos, privándoles de seguridad en el presente y arrebatándoles de paso el futuro.

Ni tolerar la pervivencia de paraísos fiscales en el propio territorio de la UE o en las dependencias de alguno de sus miembros, como hasta ahora el Reino Unido, mientras se persigue a quienes denuncian el espionaje global o las prácticas delictivas de la banca o las empresas.

Ni puede tampoco Europa resolver el problema de los refugiados, una de las causas de tanto descontento, mediante acuerdos vergonzosos con terceros países donde no se respetan los derechos humanos, en lugar de atajar de raíz el problema, dejando de fomentar guerras y de apoyar a regímenes indeseables.

Sí, Europa tiene que reformarse enteramente. Pero ¿servirán estos mimbres para tejer el cesto que muchos deseamos? Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad, que dijo Gramsci.

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