Tribuna abierta

¿Es cierto que los golpes enseñan?

04.07.2016 | 22:34

B ueno es tener al lado un amigo cuando uno, por esta razón o por la otra, está en un apuro, pero también es bueno poder contar con el amigo que se atreve a señalarnos nuestros defectos. Uno de ellos me dijo recientemente:

-Se nota que eres feliz cuando señalas en tus artículos algún error, algún desliz, algún disparate que escriben los demás en libros o periódicos; o dejan escapar estos errores, estos gazapos, estos deslices en las pantallas de la televisión.

No tiene ni pizca de razón mi viejo amigo; no gozo con esos descubrimientos mentales de los demás. Y no gozo, sencillamente, porque también yo, muy a mi pesar, he caído en ellos. Me limito, por lo tanto, a señalarlos, con la sanísima intención de compartir con los lectores la preocupación que me nace, a cada rato, al enfrentarme con las incidencias que se me presentan. Sobre todo cuando los errores, los deslices y las equivocaciones las encuentro en la labor desarrollada por escritores famosos. Y es que, en este caso, señores, mi duda es mayor.

Yo no sé si Juan José Millás es o no un escritor famoso. Sólo sé que en el libro que estoy leyendo -Articuentos- el señor Millás me ha ofrecido -no sé si adrede o sin querer- palabras que no comparto; sin que yo me atreva a decir que es él y no yo el equivocado. Tales palabras, que son varias, las he dejado pasar para no complicarme mucho la vida. Pero hoy, hace unos minutos, mientras yo leía la páginas 142, me he tropezado esta frase: "Muevo la aguja de la radio en busca de una situación real, soportable, medible, acogedora...". ¡Y exploto! De aquí no paso sin antes consultar todos los diccionarios que tenga a mi alcance. Diccionarios viejos o nuevos, del norte o del sur, gordos o flacos...

Dicho y hecho.

Pero doña María Moliner, don Manuel Seco, Don Humberto Hernández... no quieren ayudarme. Tampoco el Panhispánico de dudas. Hasta que don José Martínez de Souza, en su Diccionario VOX (1999) me da un tremendo manotazo y da la razón al señor Millás.

Y es que, de niño, mis profesores de Lengua Española me explicaron que no debería yo escribir ni decir nunca la palabra medible. Tenía que emplear el vocablo mensurable. Y, como es lógico, le hice caso desde entonces y hasta ahora. Pero el señor de Souza se ensaña conmigo y se atreve a afirmar lo siguiente sobre la palabra medible: "No tiene Registro Académico en el DRAE 92, pero está bien formada. Aunque se podría sustituir por mensurable (que se puede medir), no hay razón para no usar medible".

Cierto que mi amigo personal Humberto Hernández se ocupa de mensurable, pero ignora la otra palabra, esa de medible. Debió tener, de muchacho, un profesor como el mío. Pero si el señor de Souza afirma lo que afirma, a mí no me cabe otra solución que optar por Juana o por Pepa. Y pienso que, diga lo que diga el señor de Souza, voy a seguir utilizando mensurable. Y que me perdone mi amigo tan crítico con este pobre escritor de pueblo; que me perdone el señor Millás por dudar de su categoría. Y perdónenme también ustedes -si les place, claro- pero uno no suele cambiar de ideas así como así. Que emplee la voz medible quien quiera hacerlo. Pero a mí me dejan ustedes con el consejo de mi profesor de antaño.

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