Nostalgia de juventud

02.07.2016 | 04:23
Un momento de la cinta.
Un momento de la cinta.

La primera parte de Malditos vecinos enfrentaba a la típica pareja de casados primerizos norteamericanos (newlyweds, los llaman, no confundir con "nuevamente emporrados") con una hermandad universitaria. Dos mundos contrarios pero que, por su cercanía de edad, guardan una sensación de nostalgia el uno para el otro: a unos les gustaría regresar a sus años fiesteros y a los otros les gustaría más tranquilidad. Con esta premisa afortunada y con el buen hacer del reparto, el resultado aguantaba perfectamente entre gags gamberros y la maravillosa sensación de que a los cineastas se divertían con el mal.

El planteamiento de la secuela arranca con Teddy Sanders (Zac Efron) abandonado de la juventud y la pareja de Kelly y Marc Radner (Byrne y Rogen) tratando de vender su casa hasta que se enteran que la fraternidad adolescente de Shelby (Chloe Grace Moretz) va a montar un contubernio en el chalé de al lado. Por tanto, la estructura es parecida a la de su predecesora pero con una mirada a las fraternidades estadounidenses de mujeres y tintes de reivindicación feminista. Quizá ese discurso, por otra parte habitual en estas comedias gamberras-morales, sea lo más flojo de la cinta. Como siempre, lo que funciona mejor son los gags: un robo de marihuana, dos idiotas encerrados en un garaje o ese arranque con vomitona sexual.

No sé si es suficiente para justificar una secuela unos cuantos gags bien armados: al final, el resultado de Malditos vecinos 2 es olvidable. Sin la maldad de la primera y con ese aroma a repetición deslavazada, uno se agarra al buen hacer del trío protagonista y a ese secundario tan bizarro, tan extraordinario que se llama Ike Barinholtz. Sólo verle hacer el imbécil disfrazado de payaso siniestro justifica el precio de la entrada.

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