La Ciprea

Los perdedores

28.06.2016 | 11:30

Todos hemos perdido algo en estas elecciones. Nadie gana. Todos pierden. Ni el Partido Popular que anda por ahí presumiendo de haberlo hecho debería sentirse orgulloso por tener el número de votos que ha tenido y que no representa más que a una parte muy pequeña de esa población que va a las urnas arrastrada por una idea gremial o por el miedo a perder las pocas seguridades que el partido sigue vendiéndole a precio de mercado. Ni el Partido Socialista, que sigue sonriendo a pesar de haber perdido no solo escaños sino algo más que tiene mucho que ver con la dignidad y que se atreve, aún después de conocer los resultados, no solo a no dimitir en pleno, sino a continuar, erre que erre, repitiendo machaconamente que los de Podemos no han podido sobrepasarlos en votos como si eso fuera el gran reto que aspiraban a alcanzar. Ni Unidos Podemos, que no debería levantar la voz ni mirarnos a los ojos después de haber perdido algo más que votos y era su capacidad de ilusionarnos y llevarnos de calle con expectativas de un mundo mejor para todos. Ni Ciudadanos, que ha retrocedido en medio de este caos político y que sigue ofreciendo un rostro juvenil y melancólico dispuesto a conseguirnos cambios que no lo eran tanto pero sí mejoraban el aspecto de nuestra pobre casa. Y así, uno tras otro. Cualquiera de ellos.

Sí. Hemos perdido todos. Cada uno con sus propios sueños y sus expectativas de "déjanos como estábamos virgencita", o de corregir, o de cambiar las cosas. Porque el domingo 26 de junio todos perdimos algo en lo que habíamos puesto nuestras tristes esperanzas. Perdimos todos en este país de charanga y pandereta donde unos por calor, otros por no discutir y otros por pereza ideológica, se quedaron en cama todo el día sin importarles para nada el futuro de sus hijos o sus nietos. Un país donde sigue siendo más importante el partido de España contra Italia que el partido de ideas que se jugaba entre los que siguen prefiriendo un reino de inmovilismo y corrupciones en cadena y los que pensaban que era bueno cambiar las cosas.

Porque perder es dejarse en el camino ideas y proyectos que hubieran servido para renovar la sociedad; perder es no haber sabido ganarse la confianza de los ciudadanos para que votaran a aquellos que podrían llevarlos a conseguir los fines a los que aspiraban; perder es no haber sabido ganarse el respeto y la voluntad de quienes, por desidia o por ignorancia, no sabían qué hacer con su voto ni a quién dárselo; y, en fin, perder es quedarnos sin ilusiones y sin la certeza de un futuro mejor.

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