Tribuna abierta

Los peludos

16.06.2016 | 02:00

E spaña ahora mira a los peludos de otra forma. Algo ha sucedido para que una coleta en un varón se convierta en símbolo de cambio, responsabilidad, riesgo, juventud y pecado. Parece que en España los peludos hemos adquirido un sentido diferente. Ya no somos los holgazanes descuidados, los heavatas rudos, los bohemios pagabirras. Como los soldados romanos, que pusieron de moda el peinado varón occidental, los soldados griegos, en su momento, se peinaban las greñas con peines de marfil. El pelo largo, hoy moderno, resulta que es antiquísimo, anterior incluso al look de patricios y togados. Y es que no se puede negar que hay algo de barbarie en el peludo, algo que recuerda a poblado en llamas, vandalismo, piel de oveja y expropiación indebida. Por eso la gente, antes de Pablo, se asustaba o desconfiaba del peludo. Encontrarse con un peludo en mitad del bosque siempre ha dado más miedo que toparse con un alemán en la Anaga profunda. No más que la visión de una monja, es cierto, pero ahora, gracias a Pablo, la gente ve pelo por la tele y, como los niños con las vacas, ya saben lo que ven cuando lo ven de verdad. Antes de Pablo, ¿cuántos peludos opinaban cosas serias en la caja tonta?¿Sandro Rey? La medida de la coleta en España se encontraba estipulada por toreros y cantantes. Pero vino Pablo y sacó la cosa esa tersa, suave, a veces loca, otras veces contenida. Desde ese momento se reconoció oficialmente al peludo como posible hombre de Estado y ya no tanto como ponedor de copas en antro de tatuados, profesor de plástica, futurólogo. Eso sí, la "condición peluda" tiene una medida registrada por Pablo. Quedarse corto es ser un hipster atolondrado. Pasarse es una blasfemia contra la causa, tendencia propia de anarquistas. Ser más greñudo que un presidente futurible es pertenecer al mundo de los cómics, no comerse una rosca, ser Gandalf todo el rato. Las señoras que no son como Carmena miran esas medidas con recelo, como si a nuestras casas se acercaran los bárbaros de antaño. A lo mejor esa gente tiene razón y los peludos acaban ejerciendo de dictadores latinos, quién sabe, o quizás igual llega un día en el que tanto pelo se esfuma de la tele (como la chaqueta de pana de Felipe) y la gente, de pronto, olvida las posibilidades del peludo y lo devuelve, en caliente, al país de los balaperdidas, donde se manejan con los populismos y el rap y los títeres, dicen, aunque viendo lo visto en este país, cuyos insignes se pasean de Panamá a Niue pasando por todas las orillas, quién sabe si la propuesta de los muchachos, al final, resulta que es sensata y los peludos, que dicen que salieron de la calle, tienen, ay, razón.

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